La semana terminó en Bruselas el último encuentro de ministros de Asuntos Exteriores dentro del marco del Consejo Rusia-OTAN. Este encuentro, al igual que el diálogo de jefes de estado mayor de la Alianza del Atlántico norte y Rusia que había tenido lugar anteriormente dentro del marco del Consejo, debía ayudar a los participantes a elaborar una posición única de las partes frente a la cumbre de la OTAN establecida para el día 20 de mayo en Chicago y la posterior cumbre del Consejo Rusia-OTAN. Pero resultó ser infructuosa.


Como se había hecho público, Moscú también debía participar en la cumbre de Chicago del Consejo Rusia-OTAN, pero como ya es sabido, Vladímir Putin, que para entonces desempeñará de nuevo el cargo de presidente, no irá a Chicago. Y la cumbre no tendrá lugar.


Sin embargo, el secretario general de la OTAN Anders Fogh Rasmussen después del encuentro interministerial en Bruselas comunicó que las partes “confirmaron su adhesión a los principios fundamentales de colaboración y la intención de continuar el diálogo constructivo y permitir que se mantenga la diferencia de opiniones”. Sin embargo, la prensa acreditada en el cuartel general de la Alianza señaló que el Consejo Rusia-OTAN, como ya ha pasado en más de una ocasión anteriormente, demostró su disposición al diálogo, pero no se acercó lo más mínimo a la resolución de ninguno de los principales problemas en las relaciones entre la Alianza y Moscú.


La principal fuente de irritación para Rusia es la situación alrededor del escudo de defensa antimisiles europeo, que los EE UU y la OTAN están construyendo en las fronteras de Rusia. Serguéi Lavrov propuso  de nuevo a la Alianza establecer jurídicamente en la resolución final de la cumbre de Chicago una posición sobre la no direccionabilidad de los EuroPRO contra Rusia. “Si finalmente se completa el desarrollo en cuatro fases de adaptación (en la creación del sistema EuroPRO – nota del autor), en la etapa final se creará una infraestructura y una capacidad, que constituirá un verdadero riesgo para nuestras fuerzas atómicas de contención”, dijo el jefe de la diplomacia rusa.

Pero los miembros de la Alianza del Atlántico Norte no están dispuestos a arriesgarse con un documento que vincule jurídicamente.  En primer lugar por la posición de Washington, que no permite ni siquiera la más mínima limitación de su sistema PRO. Rasmussen sugiere que la Alianza está dispuesta a dar al Kremlin garantías políticas, pero que jurídicamente son imposibles, ya que los parlamentos independientes de los veintisiete países que forman la Alianza, puede no ratificarlas.


Pero las declaraciones políticas no contentan a Moscú. Y Rusia deberá, como declaró en noviembre del año pasado Dmitri Medvédev, tomar medidas asimétricas pero indispensables para defender sus intereses nacionales. Entre otras construirá, en respuesta a las bases americanas de PRO en Polonia y Rumanía, complejos operativo-tácticos de misiles “Iskander” en la región de Kaliningrado y de Krasnoyarsk. Lo que, por supuesto, no le gusta a la OTAN.


En la reunión interministerial de Bruselas los miembros de la Alianza hablaron sobre la preocupación que provoca ese paso dado por parte de Moscú. Aunque la cadena de acciones está clara: si no hay sistema “Aegis” con antimisiles SM-3 block IIA en Redzikowo junto a Stolpa en Polonia, no habrá "Iskander" en Kaliningrado.  


“La colaboración ejemplar” entre Moscú y Bruselas en Afganistán tampoco parece estar tan libre de nubarrones, como se puede juzgar por las palabras de Anders Fogh Rasmussen. Sí, Rusia suministra a Kabul helicópteros Mi-17, que no pagaron, por cierto, los países de la OTAN (los miembros de la Alianza no pudieron llegar a un acuerdo), sino Washington. Nuestro país entrena a los policías afganos en sus cursos antidrogas en Domodédovo, en las afueras de Moscú, y en Novosibirsk. Moscú ha ofrecido rutas de abastecimiento para las tropas de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF), y está dispuesta a construir un nuevo punto de trasbordo multifuncional en el aeródromo "Vostochni" en Ulianovsk, además de ofrecer, a pesar de las protestas de los ultranacionalistas, otras posibilidades para que el ISAF cumpla sus obligaciones. Y al mismo tiempo, Rusia no ve que por parte de la OTAN exista un verdadero deseo de luchar contra la producción de drogas en este país ni contra su exportación a través de los países de Asia Central hasta Rusia y otros países de la CEI.


Más aún, Moscú no ha acogido bien la apresurada conclusión de las fuerzas internacionales sobre la pacificación de Afganistán. El Kremlin insiste en el mantenimiento de la coalición hasta que los afganos puedan mantener la estabilidad en el país por sí mismos. No está dispuesta a apoyar financieramente, como propone Bruselas, la creación de unas fuerzas de seguridad afganas.  Además de eso, si la OTAN saca a sus soldados de Afganistán, los EE UU crearán allí sus bases. Además, los expertos militares rusos están seguros que no para luchar contra el terrorismo internacional y el narcotráfico, sino para influir en la situación en Oriente Medio, incluyendo, lo que no es poco importante, la zona de responsabilidad de la Organización del Tratado de la Seguridad Colectiva. ¿Encima, tiene Moscú que pagar por esto?


No parece muy lógico, si recordamos que la Alianza pide a Moscú ayuda en Afganistán, pero al mismo tiempo se niega a invitar a Rusia a los encuentros regulares de los países que participan en las operaciones militares en este país. Sí, el secretario general de la OTAN Anders Fogh Rasmussen declaró en Bruselas, que la Alianza a Rusia a participar en la Conferencia sobre Afganistán dentro del marco de la cumbre de la OTAN en Chicago, pero no hay ninguna decisión sobre un mecanismo de consulta permanente con nuestro país sobre Afganistán.


“Cuando recibimos la invitación a la cumbre sobre Afganistán en Chicago, me interesé, ¿significaría que esta era la respuesta a nuestra petición y que después de Chicago participaríamos de forma regular en los encuentros sobre Afganistán en Bruselas? Resultó que no, la invitación era solo para esa ocasión”, comunicó Lavrov a los periodistas. “Si, como anteriormente, están interesados en nosotros como socio para el trabajo en Afganistán, no puedo entender por qué no nos quieren invitar de nuevo a las reuniones regulares en Bruselas, - recalcó el ministro. - Teniendo en cuenta todas estas circunstancias, consideraremos esta invitación y daremos una respuesta en breve”.


Pero Moscú difícilmente aceptará participar en esta reunión. Por lo visto, intentando asegurar la visita de los dirigentes rusos a la cumbre en Chicago, la dirección de la Alianza quiere mostrar a la sociedad mundial que, a pesar de las “grandes diferencias”, las relaciones entre Moscú y Bruselas, Moscú y Washington, están en principio en perfecto orden.  Pero esto sería faltar a la verdad. No se pueden ocultar las serias diferencias que hay entre los países bajo ninguna declaración. EuroPRO, como ya lo ha hecho antes, actúa como un papel tornasol de la sinceridad y la confianza mutua. De momento no hay suficiente ni de una ni de otra, ni para unos ni para otros.