La vida pública de  Zhanna Aguzárova cambia en una noche gracias a una llamada de teléfono. Moscú, invierno de 1982: “Hola, soy cantante. Busco un grupo”. Al otro lado, Evgueni Havtan, un guitarrista que había dado vida a Bravo hacía pocos meses. “Estaba esperando tu llamada...” Así nace uno de los maridajes artísticos más densos y significativos de aquella Unión Soviética que se dirigía, inconscientemente, hacia su caída. Los dos se ven y comienzan a escribir; su primera canción será “Cats”. Y la voz atemporal de Zhanna se compromete con la trama sonora, entre new wave y rock clásico, de los Bravo. Un dispositivo a punto de estallar ante los ojos de la KGB.

18 de marzo de 1984. Con medios caseros e improvisados, los Bravo graban su primer álbum. En realidad, se trata de una cinta, Casette 1984. Veinte minutos de groove excéntrico, con la voz de una Zhanna que cubre registros inesperados e inquietantes, como inesperadas e inquietantes son también sus ideas. Pero Moscú está cubierta por un manto gris llamado KGB y hace falta poco, muy poco para encontrar problemas, sobre todo a los artistas y a los músicos: basta un control de rutina. Pocos días después del principio de abril, los Bravo dan un concierto y asisten a un llenazo absoluto. Después llega la policía y pide los papeles. Los documentos de Zhanna no están en regla: no tiene pasaporte, utiliza uno falso perteneciente a la hija de un diplomático sueco. Pasará un año en prisión. Mientras tanto, su banda recibe una oferta “que no podrá rechazar”.

Sí, porque el KGB trata de anestesiar el inconformismo musical metiéndose en la vida de los jóvenes músicos, bajo la bandera de un “fiaos, vuestros interlocutores naturales somos nosotros”. Si no puedes vencerlos, únete a ellos, contrólalos. El resultado es un Laboratorio de Música Creativa. Los Bravo son invitados, junto con muchos otros grupos. Zhanna, ya en libertad, intuye que tras la apariencia de libertad que encarna el Laboratorio hay algo que no encaja. Se va de nuevo; esta vez, es ella la que elige. El resto del grupo busca un equilibrio: saben que se trata de una ocasión única: grabar finalmente un buen álbum.

También Zhanna recapacita. Trabajan, escriben y graban. Bravo sale a la calle con el sello del gobierno, Melodia. Vende cinco millones de copias y el grupo se convierte en el fenómeno musical más difundido del final de los años 80. Pero de nuevo se rompe algo en la vida de Zhana; quizá el control se vuelve asfixiante, quizá se siente constantemente vigilada, se le impide vivir su propio arte. Su comportamiento se va deslizando hasta llegar a los límites de la excentricidad. Después toma una decisión: un vuelo a Los Ángeles en 1990. Nadie sabe por qué. Comienzan a circular extraños rumores: “Zhanna ha sido poseída por los extraterrestres”, “Zhanna ha vuelto a su nave espacial”. El mito alimenta la leyenda.

Y la leyenda vuelve, en carne y hueso, en 1996. Esta vez no es solo música, sino también happening, arte en 360º, para exponer, siempre y en todo lugar, su particular e incómodo punto de vista. Vuelve a cantar con los Bravo en algún concierto, y después los deja otra vez. Hoy vive entre Europa y Rusia, pero los rumores sobre su vinculación con los extraterrestres no dejan de circular, antes bien, muchos aún esperan que de un momento a otro llegue una nave espacial al cielo cobalto de Moscú.