Durante su último encuentro, que tuvo lugar en Seúl el 26 de marzo, Dmitri Medvédev le dijo a Barack Obama: “Los últimos tres años tal vez hayan sido los mejores de la última década en la historia de las relaciones entre Rusia y  EE UU”. Ambos líderes se despidieron como amigos y este reconocimiento puede considerarse sincero. El sentimental Obama entregó a su colega ruso una nota personal escrita a mano. Como se ha podido saber, el presidente de EE UU no le dio ningún consejo a Medvédev sino que le agradeció su confianza, que les permitió resolver una serie de  problemas de manera conjunta. Medvédev se conmovió y mostró la nota a varios miembros de la delegación que le acompañaba.


Pero este idilio podría no haberse dado. Hace cuatro años, las relaciones entre Rusia y EE UU y la política exterior del periodo de Medvédev comenzaron en su punto más bajo desde la época de la Guerra Fría, a causa de la guerra ruso-georgiana en agosto de 2008.


Se dice que la decisión de Medvédev de iniciar una operación militar en Georgia, y el posterior reconocimiento de la independencia de Abjazia y Osetia del Sur fue casi unánimemente respaldado por todos los miembros del gobierno ruso y de la administración del Kremlin.


En aquellos calurosos días de agosto la principal preocupación era si el Kremlin se enfrentaría a la perspectiva real de formar parte del grupo de líderes no gratos para Occidente, como Mahmud Ahmadineyad o Kim Jong Il. “Medvédev se esperaba el aislamiento. Estaba mentalmente preparado para oír el eco de la guerra de Georgia durante cuatro años”, recuerdan las personas cercanas al presidente ruso.


Dos golpes de suerte


Los temores no eran infundados. Desde la UE se hicieron llamamientos para establecer sanciones contra Rusia. Fueron Polonia y los países bálticos quienes con más determinación se expresaron sobre este tema.  El 15 de agosto de 2008 Angela Merkel voló a Sochi para encontrarse con Medvédev. En aquella reunión cara a cara, el presidente de Rusia expuso claramente la postura de Rusia. “Merkel nos dijo directamente que nosotros habíamos complicado las relaciones con la UE y que nunca nos apoyarían es esto”, recuerda uno de los participantes en aquellas difíciles negociaciones.

Sin embargo Medvédev tuvo suerte, como mínimo, en dos ocasiones. En primer lugar, Francia ostentaba la presidencia de la UE en ese momento. El enérgico y cínico Sarkozy no perdió la oportunidad de y realizó una mediación que facilitó la resolución de la crisis entre Georgia y Rusia. Rápidamente se acordó un plan de paz, que firmaron Dmitri Medvédev y Mijaíl Saakashvili. Si la guerra se hubiese producido durante el periodo de presidencia de la UE de la República Checa o Suecia (países que la ejercieron después de Francia), con los que Moscú no tiene relaciones cercanas, la situación habría sido diferente.

El segundo golpe de suerte para Dmitri Medvédev fue la crisis financiera mundial. La crisis hizo que el   tema de Georgia desapareciera de las primeras páginas de la agenda internacional. En octubre de 2008, en una conferencia sobre temas de la política mundial en Evian (Francia), Medvedev habló principalmente sobre las medidas de estabilización de los mercados financieros. Y más bien poco sobre la guerra de agosto.

 

Las buenas relaciones con Angela Merkel

Un mes después, tuvo lugar en Niza la cumbre UE-Rusia, que convenció a Moscú de que nadie iba a ponerle impedimento alguno. Sarkozy y Merkel desempeñaron el papel más importante en la reconciliación con Europa, tal y como recuerda el Kremlin y el ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia. Además, subrayan que el que se esforzó fue Alemania. “Los alemanes no han renegado de a posición paneuropea sobre el conflicto, pero al mismo tiempo, Berlín quien contribuyó a que el diálogo con Rusia no se congelase.

Las personas que acompañan a Medvédev en los viajes al extranjero declaran que éste era más amistoso con Merkel que con cualquier otro líder mundial. “Tienen una buena y cálida relación, lo que ha ayudado a coordinar posiciones y a articularlas claramente”, explicó a Vlast un empleado de la administración del Kremlin. Medvédev valora estas relaciones. Prueba de ello es que en el cumpleaños del año pasado de Angela Merkel, el presidente ruso eligió el regalo personalmente: un disco de clásicos rusos y un libro de recetas.

En ocasiones esta amistad provocaba celos en Nicolas Sarkozy. El líder francés insistió en que participasen los tres líderes en las reuniones. Así fue en Deauville, en octubre de 2010. Pero incluso allí, después de las negociaciones y una cena informal, Medvédev y Merkel se las arreglaron para estar a solas en un restaurante en el hotel y mantener una entrevista personal entre ostras y champán.

Fue entonces cuando Medvédev anunció el acuerdo para celebrar una cumbre Rusia-OTAN en Lisboa. En la capital portuguesa, el presidente de Rusia propuso que los Estados Unidos construyeran junto con Moscú un sistema europeo de defensa antimisiles sectorial. Daba la sensación de que estos dos países podrían resolver finalmente el principal problema que habían tenido durante los últimos años. Nadie se permitía pensar que no serían capaces de encontrar un compromiso. Además, en aquel momento todo el mundo estaba al tanto de las amistosas relaciones entre Medvédev y Barack Obama.

 

Trabajo conjunto con Obama


El trabajo en el nuevo tratado sobre reducción de armas estratégicas ofensivas (START) acercó a los dos presidentes. Un funcionario del Kremlin explica: “En primer lugar, Medvédev es menos antiamericano que Putin. Pero la agenda estaba dictada por el pragmatismo. Durante el desarrollo del tratado START, a veces hablaba hasta dos horas por teléfono con Obama”.


El viceministro de Defensa, Anatoli Antónov, que en aquel momento era el jefe de la delegación rusa en  la negociación, recuerda: “El presidente fue el principal negociador. Hablaron en más de quince ocasiones y no sólo sobre el discurso político general, sino también sobre temas muy serios”. Antónov recuerda el episodio en el que Moscú y Washington se encontraron con el problema de compartir los datos de telemetría de misiles. EE UU pedía cumplir con esta obligación, mientras que Rusia creía que no debía aparecer en el acuerdo. “Entonces Medvédev encontró una solución que satisfizo a los norteamericanos y permitía que nosotros no cruzáramos la línea roja. No se trataba de una concesión, sino más bien poner un fin diplomático al problema”, dijo Antónov. La decisión consistió en dar a cada parte la oportunidad de determinar por sí mismo qué datos telemétricos y qué lanzamiento de misiles se entregarían. Así, Rusia eludió la obligación de compartir información sobre cómo probar nuevos sistemas de misiles, de los que carecen los norteamericanos.


La inclusión en el preámbulo del tratado START de una equiparación entre las armas estratégicas ofensivas y defensivas es otro logro personal de Medvédev, según el viceministro.

 

Un buen periodo de relaciones con EE UU


Las relaciones con los Estados Unidos mejoraron con el tiempo. Rusia comenzó a acercarse a Washington, incluso en aquellas cuestiones en las que durante la administración de George W. Bush había importantes desencuentros. En junio de 2010, no sólo apoyó la resolución 1929 del Consejo de Seguridad de la ONU, que imponía nuevas sanciones a Irán, sino que también se comprometió a no suministrar a Teherán el ya contratado S-300.  “Hemos mantenido durante mucho tiempo una posición muy difícil respecto a Irán, pero cuando nos mostraron los informes sobre la planta secreta de enriquecimiento de uranio vimos que era imposible negar lo evidente. Cuando tales datos salieron a la luz nos sentimos como idiotas protegiendo a un mentiroso”, declaró a “Vlast” una fuente del Kremlin.


Sin embargo, la abstención de Moscú el año pasado en Consejo de Seguridad de la ONU dio paso a una acción militar contra Libia por parte de Occidente, mientras que en el Kremlin se esperaba otra salida a la crisis. “¿Por qué se abstuvo en lugar de vetar la resolución? Porque entendimos que Gadafi no tenía salida. “Medvédev hablaba con él con frecuencia y sin duda no era adecuado”, explica un funcionario gubernamental. Por lo tanto, cuando en medio de la crisis de Libia se planteó la cuestión de sacrificar los logros en las relaciones con los Estados Unidos por el bien de Trípoli, la decisión fue apropiada. “Sin embargo, inmediatamente reconoce que Libia “engañó un poco” a Rusia. “Por otro lado, la alternativa era continuar protegiendo a los devoradores de hombres y perderlo todo”, justifica el informador la decisión de Medvédev a “Vlast”.


Una prueba más sobre la fuerza de la amistad entre Dmitri Medvédev y Barack Obama se dio durante el escándalo de espionaje en el verano de 2010, cuando los EE UU detuvieron a diez agentes rusos, inmigrantes ilegales, entre ellos a la famosa Anna Chapman. Inesperadamente rápido Moscú reconoció a sus detenidos. Fue algo poco habitual, ya que por lo general los países reniegan de sus espías hasta el final. Pero el escándalo desapareció rápidamente sin causar daño en las relaciones. Alexánder Potéev, excoronel del Servicio de Inteligencia Exterior Ruso, fue el que destapó a los espías. Rápidamente llegaron a su patria y en agosto se encontraban descansando en el hotel “Ródina” de Sochi, que pertence a Oleg Deripaska.


Por otro lado, la adhesión de Rusia a la OMC fue el “resultado económico” de la amistad ruso-estadounidense. Medvédev puede incluir este hecho histórico como un punto a su favor. “La adhesión a la OMC fue un regalo de Occidente y Obama a Medvédev”, opina el analista político Nikolái Zlobin. “El presidente estadounidense agradeció la franqueza de Medvédev, quien ayudó a construir una relación realista”.


No todo son rosas


Aunque la verdad es que la amistad ruso-estadounidense no se extiende a todas las áreas. Al final de la presidencia de Medvédev quedó claro que la cuestión del escudo antimisiles en Europa no se resolvería. Washington rechazó la iniciativa de Medvédev en Lisboa. Aunque el pasado marzo Obama se comprometiera a ser más flexible en esa cuestión después de las elecciones presidenciales en EE UU, pocos creen en Moscú en esa promesa. “El Senado de EE UU ha elevado a rango de ley la prohibición de transferencia de información sobre defensa de misiles - declaró un diplomático ruso de alto rango -. No pretenden compartirla ni siquiera con la OTAN. Es así como los senadores ratificaron el acuerdo START”. Por lo tanto, es probable que bajo el nuevo mandato de Vladímir Putin, Rusia y Estados Unidos vuelvan al estado de desconfianza habitual. Sobre todo porque este último no tiene una relación especial con Obama.

 
Publicado originalmente en ruso en:    http://www.kommersant.ru/doc/1906924?themeid=1290