A principios de abril realizó una visita de trabajo a la República Argentina. ¿Se alcanzó algún acuerdo?


En la Argentina se está preparando la décima Comisión Intergubernamental de cooperación económico-comercial y científico-técnica, que debe realizarse este mismo año. Se tomó la decisión de crear un mecanismo de contacto permanente. En esta dirección trabajarán los grupos de trabajo que integran la Comisión: en el ámbito de la cooperación económico-comercial, agrícola y científico-técnica.

 

¿Por qué surgió la necesidad de crear este mecanismo?


El comercio entre Rusia y Argentina se está desarrollando a un ritmo vertiginoso. En los últimos años se multiplicó casi por cinco: hasta hace muy poco el volumen total de los negocios era de unos 400 millones de dólares. En la actualidad  supera los 1.800 de millones.


Además, los presidentes de nuestros países plantearon aumentar el comercio bilateral hasta alcanzar los 5.000 millones de dólares. Este mecanismo surgió para poder dar un nuevo impulso al comercio. Por ejemplo, Argentina se ha convertido en el principal proveedor de maní a Rusia. Hasta hace tres años este producto ni siquiera se exportaba a nuestro país. Es interesante señalar, que el maní argentino sacó de su privilegiada posición en el mercado a las nueces turcas, país ubicado muchísimo más cerca de Rusia.


Asimismo, aumenta la exportación de productos rusos a la Argentina.  Durante el último año, las exportaciones de Rusia a la Argentina se multiplicaron por 3,5, sobre todo gracias a la exportación de productos del sector combustible y energético, y también a los fertilizantes.


Hemos señalado a nuestros colegas argentinos que nuestros productos se complementan unos a otros. A nuestro mercado llega aquélla producción agrícola  que necesitamos en el período de mayor déficit, al tiempo que nuestros productos de exportación son aquéllos que le hacen falta a la Argentina.


En Buenos Aires acordamos trabajar en los siguientes ámbitos: genética del ganado vacuno, biotecnología, almacenaje de la cosecha, reproducción de energía utilizando la masa biológica de los residuos agrícolas y de la tala de árboles, incluyendo la utilización de las tecnologías argentinas.


Al mismo tiempo, esperamos nuestros programas de modernización económica funcionen en el comercio. En la actualidad se están elaborando una serie de proyectos ruso-argentinos, vinculados al sector de los combustibles y la energía. Existen avances en la utilización del espacio cósmico con fines pacíficos.

¿Se refiere a GLONASS?


Sí. Argentina dio su beneplácito para la instalación de equipamiento ruso en su territorio. Después, será el mercado el que decida si las compañías que trabajan con el sistema GLONASS tienen una mejor proyección que la competencia. Tal vez en la Argentina funcione GLONASS en lugar del GPS, o quizás funcionen paralelamente.

 

Este año Rusia ingresará a la OMC. Muchos pronostican que esta adhesión no tendrá muy buenas consecuencias para su economía. ¿De qué manera son justos estos pronósticos pesimistas?

Nosotros analizamos muy atentamente la experiencia de Argentina y nos dimos cuenta de que los riesgos que pueden aparecer al ingresar a la OMC no son difíciles de superar. Argentina introdujo una serie de limitaciones a la importación de productos y hace todo lo posible para desarrollar su propia industria. Esto condicionó la posibilidad de importar por medio de la exportación cruzada de productos argentinos. En la actualidad, por ejemplo, “Porsche” debe exportar el vino argentino, «Hyundai» — el maní, BMW — cueros y arroz, y «Pirelli» — la miel de abejas.

Esta política fue criticada por muchos, pero conviene subrayar que los países  BRICS, entre los que se encuentra Rusia, no expresaron ninguna queja.


Para Rusia sería muy provechoso proponer un esquema similar con Brasil, por ejemplo. Desde hace diez años importan grano de Rusia, así como también exportan carne hacia nuestro país. Nosotros acordamos una simplificación del procedimiento de suministro de grano con Chile, y con los colegas brasileiros estamos culminando los trabajos sobre un memorando de mutua comprensión en cuanto al suministro de estos productos.


Chile y Brasil son grandes importadores de grano. Rusia calcula poder exportar volúmenes millonarios. Este año la exportación puede llegar a las 25 ó 26 millones de toneladas, una cifra récord. Una parte irá hacia América del Sur. Si se importa soja de allí hacia aquí, ese mismo transporte podría recoger la misma cantidad de toneladas en grano.


Los dueños de los restaurantes rusos se quejan de que debido a las limitaciones para la exportación de la carne argentina, se vieron obligados a cambiarla por carne de EE UU y Australia. ¿Se pudo solucionar este tema?


Las medidas adoptadas por el gobierno argentino llevaron a que los empresarios rusos perdieran el interés por desarrollar proyectos conjuntos en el sector de la carne. Enseguida tres grandes compañías rusas quisieron comprar frigoríficos en la Argentina y crear las estructuras correspondientes para la producción de ganado de raza y su exportación a Rusia. Por ejemplo, la empresa rusa «Miratorgг» importa a Rusia 100.000 cabezas de ganado. Esta empresa quería importar ganado también de la Argentina, pero las prohibiciones implementadas para las exportaciones de carne llevaron a que nadie quiera dedicarse a esto. Como resultado tenemos que si en el 2009 Argentina exportó hacia Rusia alrededor de 202.000 toneladas de producción ganadera, en el 2011 fueron apenas 63.000, de las cuales hubo menos de 15.000 toneladas de carne de vacuno.


Lamentablemente, Argentina también dejó escapar su parte en lo que se refiere al mercado de la soja en Rusia. El mayor exportador de este producto en la actualidad es Paraguay, que el año pasado exportó 480.000 toneladas. Cuando en Argentina se liberalizó la legislación sobre los productos modificados genéticamente, apareció el problema de su exportación a Rusia. Lo único que Argentina exporta actualmente hacia nuestro país es harina de soja.
Asimismo, se perdió una interesante oportunidad para entrar al mercado del aceite de girasol. Aunque se presentaron proyectos conjuntos, los empresarios argentinos no invirtieron a su debido tiempo para la elaboración de este producto en Rusia. Actualmente, nuestro país ha desarrollado su propia producción y ya exporta al mercado externo alrededor de medio millón de toneladas.


En cuanto a la harina de soja, se está produciendo un proceso similar. Hasta hace algún tiempo Rusia importaba alrededor de un millón de toneladas, pero ahora toda América del Sur en conjunto nos provee de 400.000 toneladas. Nosotros mismos comenzamos a producir soja y la correspondiente harina.


En Rusia crece el interés hacia un combustible alternativo. ¿Existen perspectivas en cuanto a la tecnología argentina para la producción de bioenergía?


Estas tecnologías pueden ser interesantes para los empresarios rusos dedicados a la construcción de grandes complejos en los que se utiliza biogas. Por ejemplo, en Voronezh (en el sur de Rusia) se está construyendo un gran complejo de estas características. Se están realizando también varios proyectos en la región de Krasnodar, en los que se hace uso de tecnología alemana.

Hemos acordado con nuestros colegas argentinos que informaremos a los empresarios rusos sobre la existencia de tecnología argentina en este ámbito. De modo que serán los propios empresarios los que decidan con qué tecnología trabajar: con la alemana o con la argentina.


Serguéi Dankvert es jefe del Servicio Federal de control veterinario y fitosanitario del Ministerio de Agricultura de la Federación de Rusia.