San Martín de Porres  es uno de los distritos de Lima que se gestó en medio del gran ciclo de migraciones internas ocurridas a finales de la década del cuarenta. Conformado en sus inicios por distintas haciendas, el proceso de urbanización dejó con el pasar de los años extensas avenidas, varios mercados, un sinfín de calles y  muchas viviendas de material noble. Dentro de este conglomerado de distintas construcciones encontramos a la altura de la cuadra 25 de la Av. Perú - en el Jr. Chaco 2598 - un edificio de dos pisos en cuya fachada resaltan en letras grandes las siguientes palabras  “Colegio Antón Makárenko”, nombre que hace referencia al ilustre pedagogo soviético Antón Semiónovich Makárenko (1888 – 1939).

¿Nombre elegido al azar? No precisamente. Conversamos con el director y propietario del colegio, el señor Sixto Díaz que nos contó la historia que había detrás de ese nombre.  Díaz, oriundo de la provincia de Paúcar del  Sara Sara (Ayacucho), llegó a Lima a la edad de seis años junto con sus hermanos y madre  al fallecer el padre. Estudió en el Instituto Pedagógico y en los trámites para obtener su título le informaron que había posibilidades de obtener una beca integral para estudiar en Rusia. En el año 1965, con el apoyo de la Unión Internacional de Estudiantes y del Centro Cultural Ruso, que en ese entonces funcionaba de  manera “clandestina” – a decir de  Díaz, pues  aún no se habían formalizado las relaciones diplomáticas entre Perú y Rusia - consigue la anhelada beca y viaja para estudiar Derecho Internacional en la Universidad Amistad de los Pueblos.

Es ahí donde se enamoró de Irena, una ciudadana rusa que llegaría a convertirse en su esposa. Al venir a Lima, ambos empezaron a trabajar en el colegio Máximo Gorki, que es un centro peruano–ruso de enseñanza media. El señor Díaz era profesor de lingüística e inglés. Trabajaron durante cinco años, pero debido a algunas diferencias con la señora Maya Romenev (directora de esa institución), tomaron otro rumbo. Pero como no querían verse alejados de la enseñanza, pasión que ambos compartían, se las ingeniaron para encontrar  una solución.

Sixto Díaz tenía una propiedad en San Martín de Porres - que había heredado de  su madre – y se encontraba desocupado. Es en este local, después de acondicionarlo y hacer las gestiones pertinentes,  inauguraron en el año 1990 el Colegio Antón Marakenko. Se trata de un centro de enseñanza inicial y primaria. Tiene seis aulas, y el promedio de alumnos por clase es de ocho. A pesar de ser una institución educativa con escaso alumnado, su trayectoria suma ya veintidós  años, gracias al apoyo de los padres de familia y a la entrega y dedicación de la pareja fundadora. Desde que abrieron sus puertas al público enseñan ruso, además de alemán e inglés, incluso a los alumnos más pequeños (de 3- 4 años). Sin embargo, en el año 2005 tuvieron que interrumpir su actividad, después de que el embajador y agregado cultural de aquél  entonces no entregase la ayuda solicitada, que consistía en el material actualizado para enseñar el idioma, ya que  el que disponían era escaso y se encontraba en condiciones de deterioro.

Afortunadamente esta situación dio un giro el pasado 28 de marzo, cuando una delegación de la embajada de Rusia llegó hasta las instalaciones del colegio para darles una grata sorpresa. El director del Centro Ruso de Ciencia y Cultura, Consejero de la Embajada de la Federación de Rusia, Borís Gnatyuk, llegó junto con el subdirector Mijaíl Ósipov. Venían  con un obsequio que emocionó a todos los presentes: alrededor de cien libros de gramática rusa, manuales para escuela primaria, cuadernos de trabajo y cds, entre otros. 

En una sencilla pero alegre ceremonia, los representantes de la delegación hicieron entrega de lo mencionado ante el director del colegio, el profesorado, el alumnado  y sus padres. Todos les expresaron sus palabras de agradecimiento. Por otro lado Borís Gantyuk, quien curiosamente había compartido aula con Sixto Díaz durante la estancia de este último en la URSS,  los invitó a visitar las instalaciones del Centro Cultural para poner a su disposición material de la biblioteca y participar en las proyecciones de películas en ruso. Asimismo, expuso algunos aspectos sobre la ayuda financiera que otorga el gobierno ruso a todos aquellos que deseen optar por una beca en las distintas carreras universitarias.

“Este encuentro pone fin a años de descontento hacia el cuerpo diplomático ruso – declara Sixto -  , por su negativa a incentivar la enseñanza del idioma ruso con material adecuado desde el 2005”. Debido a esto se dejó de enseñar el idioma, y cesó la realización de actividades culturales que tuvieran relación con el país.  Díaz, se despide contento de los padres de familia que asistieron a la ceremonia, y nos comenta: “Nosotros tenemos que agradecer al agregado cultural porque ha modernizado nuestra biblioteca. El embajador  es un maravilloso hombre y con él estamos trabajando de la mejor manera”.