A veces, el pasado se reviste de un aura gloriosa. Muchos confieren a la relación entre la Unión Soviética y Cuba entre 1959 y 1991 calificativos felices.

En 1961 Fidel Castro proclamó socialista la revolución cubana, inspirado por la fluidez del diálogo con Moscú y la hostilidad peligrosa de EEUU.

La dependencia de Cuba

Durante los 30 años siguientes, el desarrollo cubano dependió de las relaciones con la URSS. Tamizados por lo ideológico, los lazos bilaterales tuvieron un fuerte componente económico.

Durante los años 60, 70 y 80 del siglo pasado, debido en parte al embargo comercial al que EE UU sometió a Cuba,  los vínculos con el bloque socialista supusieron el 35% del PIB, el 85% del comercio exterior y el grueso del acceso a financiación de la mayor de las islas de las Antillas.

Cuba encontró en la URSS un mercado preferencial para sus productos de exportación, sobre todo el azúcar (el 85% de sus exportaciones al bloque socialista). Al mismo tiempo, la isla recibía alimentos (el 63% de las compras), petróleo (prácticamente todo, unos 13 millones de toneladas anuales) y maquinas, equipo técnicos y productos manufacturados (hasta el 80% de los importados) a precios preferenciales y disfrutaba de créditos con bajas tasas de interés y a pagar a largo plazo con bienes cubanos. 

La cooperación militar también fue vital frente a la amenaza de EE UU. Además de constituir su mayor aliado estratégico, la URSS facilitó el fortalecimiento de las capacidades defensivas de la isla. En 1993, Raúl Castro estimó en unos 10.000 millones de dólares "a precios viejos" el valor del armamento y maquinaria bélica recibido por Cuba de la Unión Soviética.

La circulación de bienes culturales seguía patrones parecidos. Durante tres décadas, los cubanos, por ejemplo, solo pudieron ver cine ruso.

Pese a los privilegios otorgados por la Unión Soviética, Cuba acumuló una gran deuda.

Durante este periodo, Cuba conservó autonomía política, lejos de constituirse en un satélite de la URSS como los países de Europa del Este. 

Relaciones interrumpidas

En 1991, la desaparición de la URSS interrumpió las relaciones entre Rusia y Cuba. En menos de tres años, el divorcio fue casi total. El alejamiento se prolongó durante la década de los 90.

Con ello, quedó congelada la deuda cubana. También quedaron paralizados proyectos de infraestructura, muchos millonarios, que la Unión Soviética desarrollaba en Cuba, como la central nuclear de Cienfuegos.

Perdidos sus privilegios, el funcionamiento económico de Cuba, tan dependiente de las exportaciones a y las importaciones desde la Unión Soviética, se encalló. La crisis  provocó la reducción del consumo de calorías en un 27% y el deterioro de servicios básicos, como la asistencia sanitaria. Muchos pronosticaron una quiebra. Pero Cuba sobrevivió en condiciones difíciles.

 Revitalización de los vínculos bilaterales

Tras más de una década de alejamiento, las relaciones políticas y económicas entre Rusia y Cuba comenzaron a reconstruirse a principios de este siglo, una vez Rusia había avanzado en la formación estatal y de la política exterior tras la disolución de la URSS. El viaje de Putin a Cuba en 2000 fue el primero de un presidente ruso desde que Gorbachov visitara la isla en 1989. A mediados de la década anterior, en torno al 2005, los vínculos se estrecharon. 

Hoy las visitas recíprocas de funcionarios de alto rango se repiten, incluyendo a veces a los presidentes. Medvédev viajó a Cuba en 2008 y Castro, a Moscú en 2009. Castro que había visitado Rusia 23 veces en época soviética, la última en 1985, pisaba por primera vez la Rusia independiente. Además, en 2005 se conformó una Comisión Mixta de Cooperación, donde más de 70 empresas rusas se asocian con sus contrapartes cubanas.

Fruto de estos encuentros, se han firmado nuevos marcos de cooperación y acuerdos comerciales. Uno de los primeros reestructuró la deuda que Cuba mantiene con Rusia, por 166 millones de dólares. En 2009 Moscú y La Habana firmaron el Memorando sobre los Principios de la Cooperación Estratégica entre los dos países. En 2011 suscribieron un “plan de acción” para promover más los lazos bilaterales.

También han abundado los gestos de amistad. Rusia fue el primer país que envío a Cuba ayuda de emergencia para los damnificados por los huracanes de 2008. En 2011 continuaba donando trigo a La Habana.

A partir de esto, las relaciones comerciales se han intensificado en los últimos años. Rusia ha otorgado créditos y donaciones significativas, por valores superiores a los 350 millones de dólares, para que Cuba pudiera adquirir bienes de fabricación rusa. Al mismo tiempo, empresas rusas han invertido en distintos sectores en Cuba. La sonada incursión de Gazpromenft y Zarubezneft en el sector energético es solo la avanzadilla. El turismo ruso en Cuba crece, por su parte, de forma exponencial.

Lazos antiguos, pero profundamente distintos

Esta dinamización de los vínculos bilaterales ha hundido sus raíces en los lazos de amistad que se han heredado de la extensa cooperación histórica, tal vez el mayor patrimonio conservado. Sin embargo, la naturaleza de las relaciones ha cambiado de manera notable.

Si en el contexto bipolar de la Guerra Fría les unía la afinidad ideológica, en la globalización lo que liga a Rusia y a Cuba son, de manera pragmática, los intereses económicos respectivos, aunque el valor político y geopolítico de los lazos no se pueda descuidar. No hay que olvidar tampoco que aunque atravesado por una fiebre aperturista, Cuba continúa siendo socialista, mientras Rusia constituye hoy una economía de mercado.

Frente a la relación preferente de la era soviética, sobresale por otro lado en la actualidad la diversificación de socios y la competencia entre ellos. Mientras en los días de la Unión Soviética, Moscú representó, durante tres décadas, más del 60% del comercio exterior de la isla, constituida en el principal proveedor comercial, tecnológico y financiero, en 2007 Rusia era solo el décimo socio comercial de Cuba, por detrás de Venezuela, China, Canadá, Holanda o España. Además, las compañías rusas han cedido terreno a competidores extranjeros, pese a haber comenzado, en muchos casos, el desarrollo de las actividades o la construcción de las infraestructuras. Las preferencias del pasado han dejado paso a la competencia pragmática y desideologizada de los negocios. Puesto en marcha, y con visos de acelerar, Rusia no quiere perder un tren en cuya construcción tuvo un rol decisivo.