Los siete secretos de Stalin

6 de marzo de 2012 Carmen Marín, Rusia Hoy
Cuentan que el pequeño Iósif tuvo una visión que le obsesionaría toda la vida: siete pirámides que se elevaban al cielo se erguían sobre una extraña ciudad cubierta de nieve. Se lo contó a sus amigos pero estos se echaron a reír y no entendieron nada. Además, en la pequeña aldea georgiana de Gori, en la Georgia Imperial nunca habían visto una pirámide. En 1947 el pequeño Iósif ya no era pequeño y las pirámides de su visión infantil habían dejado de ser un sueño para convertirse en realidad.
Edificio del Ministerio de Asuntos Exteriores. Foto de Itar Tass.
Edificio del Ministerio de Asuntos Exteriores. Foto de Itar Tass.

Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, más conocido por Stalin, caudillo de Todos los Pueblos y el mejor amigo de los arquitectos soviéticos ordena construir en Moscú siete pirámides —muy estilizadas— pero pirámides. Se siguió el mismo principio de los antiguos egipcios, los incas y los mayas, salvo que en este caso, su estructura se camufló con un moderno acabado para que fuera imperceptible incluso para los especialistas. Lo importante en la pirámide era el interior, donde se encuentra su esencia.


Iósif Stalin. Foto de Itar Tass

      Iósif Stalin. Foto de Itar Tass

Que había una oculta intriga en todo esto lo demuestra el hecho de que se prohibiera usar la palabra ´pirámide´ para referirse a las construcciones. Ante este mandato, los arquitectos soviéticos se sorprendieron, se rompieron la cabeza y finalmente les pusieron de nombre algo así como: ´pastel festivo´. Todo se hacía en secreto. Diez años después de la construcción de los siete rascacielos seguían sin desvelarse muchos enigmas.


         Edificio de la Universidad Estatal de Moscú. Foto de RIA Novosti.

El primer arcano es el de la cifra 7, misterio que le fue revelado al camarada Dzhugashvili por su compañero de clase, Gueorgui Gurdzhíev, legendaria personalidad, filósofo autodidacta, psicólogo y autor de la teoría de que el hombre es una miniatura del universo. Es él quien le propone a su intuitivo amigo materializar su visión infantil.


Le explica su teoría, a la que él llama la teoría de los siete niveles, según la cual, el hombre se compone de siete partes que continuamente se destruyen: la parte del movimiento, la sexual, la instintiva, la emocional, la intelectual y las dos principales: el simbolismo y la moral.


Hechizado por esta teoría, el Caudillo ordena construir los siete rascacielos a la vez.


Y exactamente a las 13:00 horas del día 7 de septiembre de 1947, año de Virgo y fecha que presagiaba al edificio una especial energía —se colocó la primera piedra. Ese día se prohibió comenzar en Moscú cualquier otra construcción de cualquier otro edificio.

Según los faraones la vida después de la vida continuaba en otra reencarnación pero para ello hacía falta una enorme energía. Por esa razón construyeron las pirámides, como una especie de acumuladores de la misma. Al concentrar la energía de la Tierra y el cosmos se podía alcanzar el alma eterna. Si los faraones no consiguieron la vida eterna, fue seguramente debido a cierta negligencia en los pequeños detalles —pensó el Camarada— y se propuso supervisar personalmente la construcción en todo momento.


El visionario Adalid descubre que las siete enormes pirámides construidas en un orden determinado, estrictamente según los planos, se alimentarían de la misma energía que por sí mismas proyectaban. ¿Cómo? Eso lo averiguará bastante más tarde, después de la construcción. Pero no contento con siete, está convencido de que es necesaria una octava pirámide en la cual después de su muerte física debería yacer él, el Guía, y así cumplir su sueño de vida eterna.


El lugar de la construcción de los siete edificios lo determinó personalmente Stalin pero no reveló a nadie quién le dijo dónde tenían que ubicarse los siete edificios. Su disposición resultaba tal que los siete monumentos, encerrados junto con el octavo formarían algo parecido a un campo electromagnético y debían modificar el entorno a su alrededor.


Iósif Vissariónovich consultó a los astrólogos que le explicaron que cada rascacielos está relacionado con un planeta y responden a un determinado tipo de energía. Es decir, las dos teorías, la de los siete niveles del ser humano y la de los siete planetas coincidían. Stalin se regocija con esta idea.


Además, al parecer, los edificios están construidos sobre fallas, por lo que poseen una fuerza energética sensacional, que al no cerrarse —porque no se construyó la octava pirámide— buscarán siempre una salida para expulsar la energía. Por esa razón, alrededor y en el interior de los rascacielos, siempre sucederán extraños sucesos. La mayor actividad energética se concentra quizá en la residencia del edificio de la Universidad Estatal de Moscú en las torres laterales del rascacielos.

 

Precisamente aquí, más a menudo que en otros lugares hay apariciones de fantasmas, e incluso aulas fantasma, objetos volantes y olores extraños. Aunque habrá quien piense en otras explicaciones…


Al principio se consideraba caótica la disposición de los edificios, otros pensaban que formaban un pentagrama, pero en realidad, al trazar una línea recta desde todos los edificios en un mapa veremos que forman un signo que simboliza lo que los egipcios llamaban la estrella Anubis.


La construcción se debía seguir con absoluta escrupulosidad; cada piedra tenía que ajustarse estrictamente a los planos; nada debía moverse ni un solo centímetro; no debía ocurrir el más mínimo error en los cálculos, de lo contrario, las líneas no se dirigirían al punto destinado al futuro Palacio de los Soviets —el Templo del Comunismo.

 

Y como el que devora el corazón del enemigo en su beneficio, se incluyó en la construcción de los rascacielos una parte del templo del adversario, en este caso, los restos de la Cancillería del III Reich. Al arquitecto principal le parecía extraño, no entendía por qué no traían las piedras de los Urales, que era más fácil y estaba más cerca. Pero nadie sentía un vehemente deseo de objetarle nada al Caudillo, a quien le preocupaba sobre todo la cuestión de las proporciones, su aspecto exterior le importaba poco.


Sin embargo, ocurrió lo inesperado, los arquitectos, decidieron darle otro aire a la fisonomía del edificio del Ministerio de Asuntos Exteriores y construirlo sin la aguja que los coronaba, siguiendo las corrientes de la moda. Craso error. Cuál no sería la sorpresa del Constructor del comunismo que al verlo montó en cólera y gritó: “¡Que lo terminen!”.


¡Ay!, sin la aguja no era una pirámide, y si no había pirámide no había triángulo mágico, y sin esa grandiosa concepción, perdía todo el sentido.


Los arquitectos estalinistas, perplejos, se llevaron las manos a la cabeza y se la rompieron otra vez, pero en cuestión de un mes ya estaba solucionado el problema. Construyeron una aguja de acero que literalmente pegaron al techo del edificio y tanto la pegaron que hasta el día de hoy se sostiene y de vez en cuando se pinta. Aunque es muy posible que a causa de esta imperfección, toda aquella quimérica idea del romántico Dictador empezara a desmoronarse.

 

La construcción de la potencial octava pirámide donde hoy en día se encuentra el reconstruido templo de Cristo Salvador era algo que a Stalin a la vez que le atraía, le asustaba, pues todos los intentos de construcción en ese lugar habían fracasado. Era un lugar maldito. Ahí, el ciclópeo Palacio de los Soviets quedaría coronado por una ´modesta´ estatua de Lenin de 100 metros y sesenta toneladas. A finales de los años 30 empezó la construcción, que quedó interrumpida por la Gran Guerra Patria (o Frente Oriental). Parecía que la maldición se había cumplido.

 


Proyecto sin realizar del Palacio de los Soviets

 

Los rascacielos finalmente se construyeron entre los años 52 y 57, y en un principio iban a permanecer vacíos. Pero después de tiempos bélicos, no estaba el país precisamente para lujos, ni la Magdalena para tafetanes, y al pueblo le costaría entender la peregrina idea de su Líder, que por otra parte, tampoco se la pensaba revelar. Pero el camarada Stalin, para quedar bien —entre otras cosas— declaró que en todos los rascacielos viviría y trabajaría gente. El pueblo quedó entusiasmado y Stalin satisfecho o como dice un dicho ruso: “los lobos llenos y las ovejas enteras”.


Cada uno de los edificios que correspondían a un tipo de energía, permanecerían en forma de batería eterna. Las personas que los ocuparían comenzarían a alimentarse de su energía, y de esta se alimentaría Iósif Vissariónovich. Por esa misma, única y codiciosa razón permitió que se habitaran, pero eso sí, solo por personas con una energía especial: artistas, compositores, pintores, etc. Una vez más, resultaba todo bastante paradójico con respecto a los dictados del comunismo.


Los astrólogos advirtieron de que cualquier energía debía tener ´salida´, de lo contrario, las pirámides podrían empezar a autodestruirse. De hecho, los parapsicólogos afirman que en su interior, crece el número de fantasmas, o de ´personas batería´ que siguen proyectando energía. Simplemente no tienen dónde meterse y permanecerán ahí eternamente…

 

Según estudios especiales las siete pirámides funcionan como un organismo vivo, incluso con un ciclo de vida, exactamente de 29 años, es decir, que cada 29 años en estos edificios pueden aparecer serios cambios. Y en 2007 hubo, de hecho, un desprendimiento en una de las torres del hotel Ucrania.


Cuando al máximo dirigente del PCUS le sucedió Nikita Jrushchov, los arquitectos le propusieron rehacer la construcción del Ministerio de Asuntos Exteriores, pero por alguna extraña razón se negó a retirar de él la falsa aguja y contestó: “Que permanezca ahí como símbolo de la estupidez de Stalin”. En cuanto a la construcción del Palacio de los Soviets, prefirió cambiarlo por cuatro fábricas químicas, que iban a costar lo mismo.

 


Nikita Jrushov. Foto de Itar Tass

 

Lo más curioso del asunto es que Jrushchov ni una sola vez en vida cruzó el umbral de ninguna de las pirámides del fallecido Dictador y con precaución y con sorna, empezó a llamarlas ´las pirámides de Stalin´ solo unos cuantos años después de la muerte de este, cuyos deseos no se cumplieron y —finalmente— lo enterraron junto a las murallas del Kremlin.

 


                       Tumba de Stalin en el Kremlin


Hoy en día, dos de estos rascacielos son hoteles. Prueben a alojarse…

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de RBTH.
+
Síguenos en nuestra página de Facebook