El espacio del Centro Ruso, situado en pleno centro de Madrid, abrió sus puertas al público para celebrar el comienzo del año según el calendario Juliano, que todavía utiliza la iglesia ortodoxa rusa. Además, se inauguró la nueva exposición del joven artista ruso conocido por Shel Emerald, maestro en el arte de animación con arena. Se trata de una técnica con un pasado que remite a los pueblos indígenas de América, Tíbet y Australia. En la actualidad sigue siendo practicado de manera innovadora por artistas de renombre como Ferenc Cakó, Su Dabao, Xenia Simonova, lista de la que Shel ya forma parte. Su nombre se incluye en varios proyectos desarrollados en Rusia o Lituania, habiendo llegado a colaborar en los Juegos Paralímpicos de Vancouver 2010.

En su segunda visita a la capital española, Shel ofreció una muestra de su proceso creativo. Todo lo que necesita es una mesa iluminada, un proyector, una pantalla y un poco de arena. El resto son las manos del artista en acción, acompañadas de un poco de música para dar ritmo a la secuencia. El público presenció cómo la pantalla blanca se transformaba en un frío paisaje de invierno y de pronto surgía un niño durmiéndose en su lecho. Imagen tras imagen, las escenas fueron mutando hasta llegar de nuevo al invierno.

Las láminas expuestas sumergen en un mundo imaginario que consigue llevar hacia atrás en el tiempo, a la infancia. Se perciben rasgos que recuerdan a los cuentos de los hermanos Grimm, situados entre la realidad y la fantasía, la mano macabra y retorcida de los relatos de Poe; y, al mismo tiempo, como las descripciones de “Las Veladas de Dikanka” de Gogol, sus colores sombríos tienen un toque que transporta a una dimensión ajena para el publico español. Aunque si uno se fija más atentamente, descubrirá finos toques de ironía que hacen reflexionar acerca de la situación del mundo en el que vivimos. Shel parece preocupado por hacer de su arte, no sólo un objeto estático expuesto ante la mirada crítica del espectador, sino también un espejo caricaturesco del propio observador.


 

  Las imágenes evocan un mundo infantil e imaginario. Fotografía de Alberto Sibaja

El artista afirma que “la simplicidad del método y de la presentación es una de las mejores maneras de atraer la atención de la gente a los problemas universales y a los vicios de la sociedad.” De hecho, la exposición “Arte sobre Arena” destaca por la destreza, el ingenio y la espontaneidad del artista en el uso de materiales totalmente reciclables. Se trata, de hecho, de una técnica que se adapta a la perfección a las exigencias del mundo en el que vivimos, que recurre constantemente a las nuevas tecnologías. De esta manera, las palabras de Shel exponen cómo con un simple programa es posible influir en una multitud.

La noche terminó con un concierto navideño ofrecido por la soprano Tatiana Bogdanchikova, discípula del famoso tenor mexicano Ignacio Clapes y el pianista Evgueni Korolkov. El joven dúo interpretó distintos temas de los grandes clásicos de la ópera, así como algunas canciones populares de Rusia, Ucrania y Cataluña. El programa empezó con Bellini y fue muy variado. Se interpretó la  maravillosa aria de la Reina de la Noche de Mozart, la canción popular catalana “El cant dels ocells” (Canción de los pájaros), el aria de Elena de “El Barbero de Sevilla”, y terminó con la famosa canción popular rusa “Ochi chorniye” (Ojos Negros). En el concierto destacó la intensidad del piano mezclado con la armónica voz de Tatiana, de una admirable flexibilidad. Ambos intérpretes lograron expresar la identidad cultural de distintos países. El programa, siendo presentado en suelo español, logró una identificación con dichas culturas además de extender los lazos entre naciones dando fin al Año Dual de España y Rusia.