Fotografías realizadas por Jan Lieske

El tema del cine independiente es uno de los más delicados para la producción cinematográfica nacional. El período soviético transcurrió teniendo de fondo las inconfundibles comedias de Leonid Gaidai; el vacío post-soviético se acompañaba con la música de la serie “El Petersburgo de los bandidos” y decenas de sagas romántico-policiales por el estilo.


Cuando Tarkovski obsequió a la cinematografía rusa con un regalo de incalculable valor (la película “Stalker”), entre los vanguardistas se empezó a hablar sobre el cine independiente. Parecía tener un gran porvenir. Pero si se mencionan los apellidos de Tarkovski, Kira Murátova, Kachanov, Sokurov y Fedorchenko (el cual recibió cuatro condecoraciones en el pasado festival de Venecia), se puede poner punto final con la conciencia limpia.


Mientras tanto, en San Petersburgo se celebra anualmente el festival de cine independiente “Chistiye Grezi” (“Sueños Limpios”). Fue creado en 1998 por el actor Alexánder Bashirov (“Assa”, “Aguja”, “Down House”, “Mamá, no sufras”), y a día de hoy sigue siendo un símbolo del under-ground cinematográfico ruso. El lema del festival es “Por la libertad de visión”, y el ambiente destaca por exigir esta libertad de manera agresiva e incluso escandalosa. La mayoría de las películas presentadas al concurso son una mezcla explosiva de todos los clichés relacionados con el cine independiente. Tienen poco presupuesto, están producidas por aficionados, les sobra la extravagancia y les falta madurez. Sin embargo, nunca es tarde para destruir estereotipos (a eso se dedican precisamente en el 5° Donskoi Proyezd).

Los guardias de la entrada sonreían ostentosamente con sus bocas llenas de dientes de oro, mientras estudiaban detenidamente el pasaporte de mi compañero de trabajo, el fotógrafo alemán Jan. Nos metieron en un Lada con cristales tintados y nos llevaron al pabellón. En la ventana, los avisos se turnaban: “Ginecología, Urología, Certificados para eludir el Servicio Militar”, “Agencia turística “VacaVIP!!”, “Lápidas económicas”, “Fábrica del cine N° 2”. No hay duda de que  aquí es donde ruedan las verdaderas películas del cine independiente.


Una vieja lámpara de araña en el techo, un montón de cañas de bambú gigantes amontonadas en un rincón, mientras desde la pared alumbra un letrero de estilo soviético: “Una canción para tu mesita”. En medio del pabellón hay una enorme maqueta con montículos cubiertos con ceniza volcánica y una pequeña fortaleza en la cumbre. Alrededor revolotea un grupo de gente, donde destacan el atractivo director Sergéi con una chaqueta negra y el camarógrafo Grisha con una aristocrática bufanda amarilla al estilo de Esenin.


El proyecto de Sergéi Kavtaradze, con el nombre provisional de “Arquetipo de Guerra”, trata el tema de la naturaleza de la agresividad y la violencia, y también la lucha por las necesidades básicas del hombre en tiempos de guerra. Algunas tomas de la película se realizaron en la frontera entre Sudán y Etiopía, donde habitan tribus, completamente ajenas a cualquier civilización. En la República de Somalia, en una clínica psiquiátrica en Ucrania, donde están internados los veteranos de las guerras locales. Nosotros llegamos a parar al rodaje de la segunda parte: es la historia de un mundo inventado, donde la idea de la guerra tiene que ser representada a través de la dramatización de unos cuantos mitos.


– ¿Qué le traigo? ¿Pescado frito, ensaladita? – apenas empezamos a conversar, a Sergéi se le acerca una mujer con delantal.


– ¿Qué  ensaladas hay?


– Con centolla y “Olivé”.


– Deme “olivé”. Comeré más tarde. ¿Quiere comer? Tenemos mucha comida…– Sergéi me guiña un ojo.


– Comeremos después, gracias. Mejor háblenos sobre el rodaje en África.


– La historia es así: la película consta de tres partes. La primera parte efectivamente fue rodada en África, allí habita una tribu de nombre Surma, se puede decir que están en la edad de piedra. Hace un tiempo fueron filmados por la BBC. Llegamos a lugares donde casi nadie había visto a gente blanca y al llegar tuvimos a un niño agarrado de cada dedo, se colgaron de nosotros y no nos soltaban. En este lugar los hombres pelean con unas pértigas de madera, llamadas “donga”, en una particular ceremonia de iniciación. En estos enfrentamientos muchos reciben graves lesiones y a veces mueren. Los duelos con pértigas sirven como método para solucionar conflictos dentro del interior del clan, como pueden ser los enfrentamientos por una mujer.  Las comunidades se pelean por las vacas y los pastos.


Rodamos en Somalia, que está en guerra civil desde hace 20 años. El resultado es fue una fusión entre el documental y el drama. Lo que estamos filmando ahora es la parte central de la película que trata sobre el inconsciente y ese componente arcaico de la psique humana que se reactiva en tiempos de guerra: los instintos. La tercera parte  está completada, trabajamos en una clínica psiquiátrica, donde permanecen los veteranos de campañas militares.

–    ¿Y cómo se le ocurrió ésta idea?


-    Es una representación artístico-emotiva de la tesis de doctorado que quiero realizar en la facultad de psicología de la Universidad de Moscú. La película, más que un documental o un trabajo divulgativo, trata de proyectar emociones fuertes. Las tres partes están interconectadas a través de los mismos tópicos reproducidos en escenarios diferentes: así, por ejemplo, antes de combatir los guerreros africanos se lavan unos a otros en el río; de igual manera los veteranos se ayudan a lavarse en el baño de la clínica. O, en África, el guerrero se hace un lavado estomacal comiendo raíces venenosas… se provoca el vómito, purifica el estómago y después toma sangre de buey a modo de energizante. Este tópico tiene un paralelo cuando en el psiquiátrico uno de los ex-combatientes se provoca el vómito para expulsar las pastillas que les dan.


-    Muy interesante. Y ¿con qué se financia este proyecto?


-    Con mi dinero.


-    Qué audaz.


-    Y qué le parece: ¿qué beneficio podría obtener un inversor, si en el mejor de los casos la película será vista en Rusia solo por algunos miles de personas? La proyectarán unos 10 cines en Moscú, como mucho; aparecerá en algún festival especializado y se acabó.

-    ¿Cuánto tiempo lleva haciendo películas?

-    Más de un año y medio… ¡Seriósha, no dejes la viga ahí! Va a aparecer en el cuadro!
Toma número uno. La cámara sobrevuela una ciudad, completamente cubierta de humo.

-    ¡Paren! ¡Más humo! ¡Dame más humo! ¡Qué el humo humee!
Se oye la respiración acompasada del hombre, acomodado detrás de nosotros. Viste una camiseta roja que dice “URSS”.

-    Hombre, ¡qué desastre! Despiértate inmediatamente! – Serguéi se ríe, sus colaboradores también esbozan sonrisas.
El asistente gráfico, tocayo de Putin, graba la instalación con una pequeña cámara digital.

-    ¿Es creación suya? – indago, - Cuénteme algo sobre esta maqueta.

-    Sí, es mía. La superficie es de alrededor de 40 m2, tardamos 3 meses en montarla a mano. La idea era prescindir de efectos especiales por ordenador. Originalmente iba a ser de 5 m2, después empezó a crecer y expandirse… Todo para mostrar el mayor realismo está filmado desde mayor altura. Maquetas como esta no se hacen hará unos 30 años. El estilo es a lo sumerio: algo como antiguo, una especie de espejismo. Como materiales se usó plástico y…

-    ¡Son materiales secretos, todos “X”! – un obrero, asomado por encima de las volutas de humo, interrumpe alegremente.

-    ¿Por qué falta humo en los muros de la ciudad? ¿Qué es eso, el Triángulo de las Bermudas? ¿Por qué el humo no pasa por ahí? – se queja Serguéi.

-    ¿Pasará si abanicamos con una plancha de madera..?

-    Ahora lo arreglo. Se levanta de golpe el taciturno Grisha, el cámara. Cruza la línea de focos de luz; yo lo sigo.

-    ¿Cuánto llevas trabajando con Serguéi?

-    Es mi tercer trabajo con él. Primero rodé con él un proyecto anual para la universidad, después la tesis de grado, y ahora el debut. Esta es una escenificación con elementos de cine documental. En la segunda parte trabaja un actor profesional, pero básicamente, se ocupan de instalaciones montadas a tal efecto. Porque trabajar con personas cuesta, los diálogos cuestan, además ya hay demasiado de eso, dan ganas de hacer algo diferente. Puro art-house, sin anclajes a un lugar o época concretos. Cine para llevar a un festival. Anda, filma, ya está todo listo.

Me iba contenta. Las perspectivas del cine independiente ruso parecen realmente fabulosas: un campo de acción sin límites, posibilidades infinitas y casi no hay competencia. Sólo hay que esperar a que el primero grite: “Acción!”. Pero Jan se puso triste: no tuvo oportunidad de fotografiar a ningún actor con metralleta y uniforme militar...

Camino a casa vi como a una chica, sentada al lado mío en el metro, se le acercó un viejecito sonriente:

-    ¿No habrá participado Ud. en alguna película? – ceceó.

-    No, ¿por? – la chica lo miró con cierta esperanza y hasta se sacó el chicle de la boca.

-    Es que tiene parecido con Faína Ranévskaya, - flirteaba el abuelo.

-    ¿Sí? Pero ella, parece, no era demasiado atractiva, - se ofendió la chica.

-    Ranévskaya es bella… Lo fue y lo será siempre, - respondió tristemente el viejecito, alejándose hacia la otra punta del vagón.

Información acerca del tema

Representantes destacados del cine independiente ruso:

-    “Haciéndose a víctima”. Humor negro de Kirill Serébrianikov.

-    “La euforia” y “El oxígeno” de Ivan Viripayev. Tragedias sobre un amor inesperado con las pintorescas estepas rusas de fondo.

-     “El destierro” y “Elena”. Dramas familiares de Andrei Zviágintsev.

-    “El afinador”. La película en blanco y negro de Kira Murátova.

-    “La diosa: así me enamoré”. Un drama surrealista de Renata Litvínova.

-    “La hojalata”. El triller psicológico de Denis Neimand.

-    “Espacios cerrados”. Una historia de Igor Vorskl sobre los miedos infantiles contemporáneos.

-    “Todos morirán y yo sobreviviré” de Valeria Gai Germánica. Un drama psicológico sobre el bullying escolar.

-    “La carga 2000”, el chocante y renombrado drama de Alexéi Balabánov.

-    “Cuatro”. Un “drama negro” de Ilya Jrzhanóvsky.

-     “Los pajaritos” de Alexéi Fedórchenko. Un drama con entierro ritual en el interior de la provincia de Kostroma.

-    “Down House”. Una interpretación moderna del “Idiota” de Dostoyévski, realizada por Román Kachánov.

-    “Fausto”. Una película de Sergéi Sokúrov, basada en la clásica tragedia de Goethe.


Información sobre Serguéi Kavtaradze

Productor, guionista y director . Cursó estudios en los Cursos Superiores de Guionistas y Directores de Cine. Además, tiene el grado académico de Candidato en Ciencias Históricas. La película anterior – “La chamusquina” (2008) – fue incluida en los programas de festivales de cine tanto rusos como internacionales: por ejemplo, el “Short corner” (Cannes, 2008), “Kinotavr” (Rusia, 2008), “Premier plans” (Angers, Francia, 2009) y el programa de las mejores cintas de la Europa del Este de los últimos 20 años (Lille, Francia, 2009).
Es autor de una serie de publicaciones científicas y una monografía llamada “Los conflictos etnopolíticos en el espacio post-soviético” (2005).


El término “cine independiente” se refiere a las películas, realizadas para un público limitado de conocedores. Se caracterizan por sus métodos vanguardistas, por la búsqueda de nuevas posibilidades de expresión, por sus argumentos novedosos y por romper estereotipos.