Viaje de ida y vuelta


A falta de quince días para que el Teatro Bolshói reabra las puertas de su sala central, el Teatro Real de Madrid inauguró por primera vez la temporada del escenario más emblemático de la capital rusa. La obra escogida, «Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny», con partitura de Kurt Weill y libreto de Bertolt Brecht, nunca antes se había llevado a la escena del Bolshói. La propuesta conquistó al público moscovita, una buena acogida que no puede sino augurar futuras colaboraciones. Este estreno a cargo de los españoles es un signo de los aires de renovación que ha introducido el director artístico Anatoli Iksanov. Lejos de querer que el Bolshói se convierta en una especie de «museo» de las artes escénicas en el que se ofrezca un repertorio conservador, tras la reforma acometida para devolverle toda la brillantez (la cual ha supuesto una inversión de 600 millones de euros) se evidencia la firme intención de que el de Moscú sea un gran teatro abierto a la vanguardia y a la crítica. Para ello, nada mejor que dar el pistoletazo de salida con la arriesgada dirección escénica de La fura del baus que, para la ocasión, transformó las tablas rusas en un gran vertedero.

En Madrid, por su parte, los encargados de hacer lo propio en el escenario del Real fueron los Ballets de Montecarlo con una coreografía unánimemente aplaudida, «La Bella»: una lectura moderna y descarnada del cuento de Perrault, merecedora del premio Nijinsky 2001. Su coreógrafo y director artístico desde 1993, el francés Jean-Christophe Maillot, altera la estructura tradicional y recupera todo su simbolismo. Destaca por su gran plasticidad el momento en que la Bella, interpretada por Noelani Pantastico, desciende por una rampa durante el baile dentro de una gran burbuja transparente. No se imagina que, más tarde, será víctima de una violación en grupo en el curso de la cual estallará la burbuja como símbolo de la pérdida de virginidad. Incapaz de asumir esa traumática experiencia, caerá en un sueño de cien años. El despertar es otro de los momentos que cautiva la retina del espectador: el beso del príncipe y la Bella, de tres minutos, se convierte en un «pas a deux» sin separar los labios.

Maillot ha conseguido «trabajar» el repertorio clásico con una absoluta modernidad, sin miedo a partir de la tradición para después desviarse hacia territorios más experimentales. En su opinión, es la clave para mantener viva toda la herencia. Por ejemplo, la música original de Chaikovski se mezcla, para darle más contundencia, con la de «Romeo y Julieta» de Prokófiev, utiliza un vestuario original de fantasía desbordante y transita por un amplio abanico de sentimientos, gracias a las interpretaciones veraces y sobresalientes de los bailarines. No olvidemos que los Ballets de Montecarlo fueron los continuadores de los extintos Ballets rusos tras la muerte de Diáguilev en Italia. La compañía pasó por muchos altibajos, de su escisión en 1936 al traslado forzoso a los Estados Unidos a causa de la guerra. Después de numerosos intentos frustrados por que tuvieran una continuidad, en 1985 se convirtieron en la compañía oficial del Principado de Mónaco. Y así hasta el día de hoy en que, gracias al camino trazado por Maillot, ha conseguido situarse entre las compañías más respetadas del momento.

Y de Chaikovski y Prokófiev pasamos a unas de las piezas más representativas del periodo soviético, «Lady Macbeth de Mtsensk», en producción del Nederlandse Opera de Ámsterdam. Madrid será el escenario de los crímenes pasionales de Katerina Lvovna. Esta «heroína», concebida por la mente de un joven Shostakóvich, supuso para el compositor la famosa crítica «El caos sustituye a la música», publicada en “Pravda” el día después de que Stalin, fuera de sí, abandonara la sala sin esperar siquiera al final de la ópera. Hasta el estreno de la Quinta sinfonía, el músico no volvió a ser visto con buenos ojos por el régimen.

También, en diciembre, nos esperan dos platos fuertes. Por una parte, los bailarines solistas del Teatro Mariinsky y del Bolshói protagonizarán el acto de clausura del Año Dual España-Rusia; por otra, Valery Gergiev tiene reservadas dos «Noches del Real»: la primera, el 11 de diciembre, al frente de la Orquesta y Coro de la Comunitat Valenciana interpretando el «Romeo y Julieta» de Berlioz; la segunda, dos días más tarde, dirigiendo la Orquesta del Teatro Mariinsky, con un programa que incluye obras de Stravinski y Músorgski.

Y ya en 2012, con una puesta en escena de Peters Sellars, tendremos cita con óperas de Stravinski y Chaikovski. El “enfant terrible” estadounidense hacía tiempo que quería montar «Iolanta» y «Perséfone» siguiendo un mismo concepto escénico. Con ello, intentará mostrar al público el juego de espejos entre ambas obras. Dicen los musicólogos que, cuando Stravinski escuchó de niño «La Patética» de Chaikovski, nada volvió a ser lo mismo para él.

Danza, música sinfónica, ópera. Un broche de oro en el Teatro Real para este año de intercambio cultural entre Rusia y España.

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-«Lady Macbeth de Mtsensk», del 3 al 23 de diciembre.

Libreto de Aleksandr Preis, basado en el texto homónimo de Nikolái Leskov. Música de Dmitri Shostakóvich.

Coro y orquesta titular del Teatro Real.

-«Gala del Ballet ruso», 5 de diciembre.

Solistas del Teatro Mariisnky y del Bolshói.

-«Tercera Noche del Real», 11 de diciembre.

«Romeo y Julieta» de Héctor Berlioz

Valery Gergiev dirige la Orquesta y el Coro de la Generalitat Valenciana.

-«Cuarta Noche del Real», 13 de diciembre.

“Petrushka” y “La consagración de la primavera” de Stravinski y “Cantos y danzas de la muerte” de Músorgski. Valery Gerguiev al frente de la orquesta del Teatro Mariinsky.

-«Iolanta» de Chaikovski y «Perséfone» de Stravinski, del 14 al 29 de enero.

Dirección musical de Teodor Currentzis y dirección de escena de Peter Sellars.

Coro y Orquesta titular del Teatro Real.