Diaghilev descubrió a los mejores compositores (Stravinsky, Rimsky-Kórsakov, Prokófiev, Falla, Ravel) y les convenció para que compusieran para ballet; contrató a artistas plásticos como Matisse o Picasso para que diseñaran para él el vestuario o la escenografía de sus espectáculos; trabajó con los coreógrafos más prestigiosos y rompedores de principios del siglo XX, como Nijinsky. En definitiva, consiguió “implicar a las grandes figuras del arte” de su tiempo, recalca Jane Pritchard.

Todos ellos (y muchos otros, como Coco Chanel o Jean Cocteau) son los coprotagonistas de la muestra “Los Ballets Rusos de Diaghilev, 1909-1929. Cuando el arte baila con la música”, que puede visitarse en el CaixaForum de Barcelona hasta el 15 de enero. La misma exposición –que pudo verse con alguna variación en el Victoria and Albert Museum- viajará después a Madrid.

Serge Diaghilev © V&A Images

Sin duda, uno de los elementos centrales de la muestra –que está compuesta por más de 200 objetos muy diversos- es el vestuario. Salta a la vista la exquisitez del modelo que vistió Fiódor Chaliapin en la escena de la coronación de “Borís Godunov”, de Mussogorski. No son menos vistosos los diseños que hizo Pablo Ruiz Picasso para “Parade” o los que firmó Henri Matisse para “El canto del Ruiseñor”. Vestidos, eso sí, a veces “imposibles” para los bailarines, que se quejaban amargamente a Diaghilev de que les hiciera bailar con según qué modelos, explica Pritchard.

Traje que vistió Fiodor Chaliapin en el papel de Boris Godunov, basado en un diseño de Golovin, 1908 © V&A Images

Si hay un espectáculo que merece la pena nombrar, tanto en la trayectoria del Diaghilev como en la exposición del CaixaForum, es “La consagración de la primavera”. Con música de Ígor Stravinsky y coreografía de Vaslav Nijinsky, se trata de un montaje muy rompedor. Los decorados extremadamente coloridos y los movimientos retorcidos de los bailarines –como se puede observar en una de las proyecciones de la muestra- estaban totalmente alejados del clasicismo imperante en la época. Sólo se hicieron nueve representaciones, pero “el impacto continúa hoy vivo”, según la conservadora del Victoria and Albert Museum.

Actividades paralelas

Más allá de la exposición, la Fundación la Caixa ha preparado un amplio programa de actividades paralelas dirigidas a diferentes públicos para conocer en toda su extensión la figura de Serguei Diaghilev. Hay conciertos muy diversos (de ópera rusa, de música gitana de Rusia, de piano y hasta un tablao flamenco); conferencias que tratan la influencia de Diaghilev en la música, en la moda o en la coreografía; un ciclo de proyecciones sobre diferentes coreógrafos y sobre versiones que se han hecho de “La consagración de la primavera”; además de actividades para la gente mayor, las familias, visitas comentadas de la exposición o para público escolar.

Vestuario de La consagración de la primavera, basado en un diseño de Nicholas Roerich, 1913 © V&A Images

Diaghilev, Rusia y España

La relación del creador de Los Ballets Rusos con el país que le vio nacer, Rusia, es “fascinante”, afirma Jane Pritchard. En una primera fase, Diaghilev se presenta en París y en Europa en general como un “promotor de la cultura rusa en toda su envergadura, desde el Báltico hasta el Extremo Oriente”. Los bailarines, la música, todo el arte es casi 100% ruso.

Pero la Primera Guerra Mundial corta esta relación tan intensa. Es precisamente en esta época cuando la compañía se refugia en España, ya que hacer giras por Europa resulta del todo imposible. El rey Alfonso XIII permitió a Diaghilev actuar tanto en Madrid como en Barcelona y también hacer gira por España. También le ayudó a volver a Londres. Cuando acaba la guerra, “Los Ballets Rusos” vuelven a España i Diaghilev colabora con artistas como Picasso, Joan Miró, Juan Gris, Pere Pruna y compositores como Manuel de Falla.

Traje para el prestidigitador chino de Parade, basado en un diseño de Pablo Picasso, 1917 © V&A Images

¿Y qué pasa con Rusia? Con la victoria de la Revolución de Octubre, Diaghilev es invitado a volver y a convertirse en comisario de Cultura, pero el creador de “Los Ballets Rusos” no aceptó. Diaghilev siempre mantendrá una mirada sobre su país, a pesar de que nunca volverá a actuar allí porque consideraba que no había suficientes garantías de que, si su compañía entraba en territorio soviético, luego pudiera salir sin problemas.

Traje para el mandarín del ballet de Massine Le chant du rossignol, basado en un diseño de Henri Matisse, 1920 © V&A Images

“El arte de Diaghilev se tachaba de occidentalizado”, explica Pritchard “aunque lo miraban con envidia por su éxito” y el reconocimiento no le llegará hasta la glasnost, “tarde, muy tarde”, muchos años después de su muerte, en Venecia en 1929.