El presidente reafirmó su compromiso con los valores democráticos universales y dejó en claro que el acuerdo al que arribó con Putin no tenía por qué ser humillante para el pueblo. Medvédev aclaró que habían acordado intercambiar posiciones pero siempre sujeto a los eventuales cambios en la opinión del electorado. La evidente intención de Medvédev fue básicamente presentar la operación entera con apariencias más democráticas que las que exhibió en el congreso de Rusia Unida.

Putin y Medvédev: unidad de los contrarios

“Las decisiones del congreso de Rusia Unida son sólo eso: recomendaciones –advirtió en ese sentido Medvédev, en la entrevista con los canales de televisión-. Recomendaciones que hace un partido político en el sentido de brindar su apoyo a dos personas en una elección, nada más que eso. La elección radica en el pueblo. Cualquier líder político puede perder los comicios”. A lo largo de la entrevista, Medvédev fue fiel a su habitual principio de evitar los extremos e intentó trazar una línea divisoria entre la ultraderecha y la ultraizquierda del espectro político.

El presidente tuvo dos objetivos fundamentales en esta exposición. El primero fue dejar en claro que ningún desacuerdo entre él y el primer ministro Putin haría peligrar la condición de Estado de Rusia. Esto era de mucha importancia para el presidente ya que, por varios años, la oposición liberal y ciertos círculos foráneos albergaban la esperanza de que una separación entre Putin y Medvédev fuese tan devastadora como las divisiones dentro del Politburó, el órgano máximo del Partido Comunista de la URSS, que generaron la debacle de su secretario general y presidente soviético, Mijaíl Gorbachov. No es esto lo que ocurre hoy con los dos líderes políticos de Rusia.

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En la entrevista y para reafirmar esa realidad, Medvédev señaló que esta práctica —dos políticos que trabajan en pos de una misma organización del Estado— no era exclusiva de Rusia. A tales efectos trazó paralelismos con Hillary Clinton y Barack Obama. Paralelismos que podrían resultar erróneos a simple vista ya que existió una verdadera competencia preelectoral entre ellos. Pero esencialmente Medvédev está en lo cierto. Las elites occidentales, si bien presentan diversos puntos de divergencia, están unidas de una forma extraordinaria en asuntos de principios tales como quién tendrá el poder y quién controlará el dinero. En este aspecto, Rusia no difiere mucho de otros países civilizados.

El segundo objetivo de la entrevista fue movilizar al electorado, decir a la gente que “aún nada se ha decidido”. Lo cual constituye una meta mucho más difícil de alcanzar que la primera. El problema es que Rusia aún se encuentra muy lejos de ser una democracia multipartidaria totalmente funcional, y Medvédev mismo lo ha admitido varias veces. También lo ha hecho Putin, por cierto.

La fundamental estabilidad política


En los países civilizados se percibe la democracia como una limitada imprevisibilidad, lo que equivale a decir que el partido derrotado siempre está seguro de que no sufrirá represiones al ceder el poder y no habrá redistribución de la propiedad. En Rusia, el sistema político todavía no es estable precisamente debido a que el país atravesó ciertos períodos de agitación en los años ochenta y noventa cuando la propiedad privada en efecto cambió de manos.

La estabilidad política resulta fundamental para la actividad económica de la sociedad rusa. Como no existen garantías de que la propiedad privada no será redistribuida, la elite de Rusia intenta controlar el poder político y no compartirlo con nuevos participantes.

En términos generales, diría que la entrevista que brindó el presidente fue realista. No se trata de un nuevo Mahatma Ghandi u otro Martin Luther King. El presidente es un político normal, podríamos decir promedio, que intenta alcanzar una meta dentro de sus capacidades y las posibilidades que le ha otorgado la historia. En ese sentido, Medvédev ha cumplido con su trabajo.

En 2008, cuando asumió la presidencia, detuvo cierto recrudecimiento nacionalista que era evidente en ese momento en el país. En el año 2009, lanzó un programa competitivo dentro del sistema político. Nunca logró materializarlo por completo pero lo intentó y creo que la historia lo apreciará.

Ya podemos extraer algunas conclusiones de su carrera como presidente, considerando que comienza su recta final. Medvédev hizo lo que pudo. No podemos reprocharle el no haber hecho algo que no hubiera podido hacer.

Dmitri Bábich es analista político de RIA Nóvosti