Además, el pasado jueves a las 18:11 minutos, hora española, los asistentes tuvimos la oportunidad de contactar en directo y dialogar con la tripulación de cosmonautas de la Estación Espacial Internacional. Fue la guinda de un pastel en forma de charlas, seminarios y mesas redondas en torno a la aeronáutica.

”En la actualidad Rusia es muy consciente del valor del legado soviético en materia aeroespacial. Los éxitos espaciales están presentes en la memoria colectiva rusa como uno de los mayores logros en la historia del país. Uno de los pilares de la política del presidente Medvédev es la modernización. Está claro que la industria aeroespacial puede y debe jugar un papel muy importante en este sentido”, nos explica Daniel Marín, miembro de la “Planetary Society, Mars Society España” y de la “Agrupación Astronómica de Gran Canaria”.

El creciente interés del gobierno ruso por la industria aeronáutica queda claro a tenor del aumento del presupuesto de la Agencia Espacial Federal, el cual ha pasado de 1.900 millones de euros en el 2009 a unos 3.000 millones en el 2011, dentro de una estrategia a largo plazo para garantizar la autonomía e independencia espacial de Rusia. Además, el 2011 fue declarado el ”Año del Espacio en Rusia” por el Presidente Dmitri Medvédev, en el 50º aniversario de la puesta en órbita de Yuri Gagarin.

“La cultura del cosmos está profundamente arraigada en la sociedad rusa. No debemos olvidar que fueron los primeros en abrir el camino, que cualquier astronauta hoy en día debe hablar ruso. Y tampoco debemos olvidar que el nacimiento de esta cultura está enmarcado en la Guerra Fría, cuando los éxitos espaciales se utilizaban como “arma arrojadiza” contra el enemigo estadounidense”, explica Nadjejda Vicente, Doctora en Información Espacial por la Universidad Complutense de Madrid.

Después de años de decadencia, la población vuelve a ver su industria aeronáutica no como un músculo atrofiado sino como un motivo de orgullo, pero esto no es casual, tal y como explica Nadjejda: “En estos momentos, la industria aeronáutica rusa se encuentra en una posición inmejorable para vender no sólo su tecnología, sino también su liderazgo. Con la retirada del Shuttle este verano, la realidad es meridiana: el mantenimiento de la Estación Espacial Internacional va a depender durante unos cuantos años exclusivamente de las naves espaciales rusas. No es nada nuevo que el gobierno promocione su industria y lo relacione con el desarrollo tecnológico del país.

Cualquier país lo haría. Y creo que en este contexto se podría hablar más bien de soft-power. Quizá lo novedoso de este nuevo marketing espacial “made in Russia” sea el enfoque que se le está dando a nivel nacional. Rusia quiere implicar a las nuevas generaciones en el espacio y apuesta por ellas. Necesita ingenieros, necesita personas formadas con las que sustentar su imagen exterior. Quiere liderazgo”.

Cooperación espacial entre Rusia y Europa


Rusia es un elemento clave para el mantenimiento de la Estación Espacial Internacional. Según Daniel Marín, “sin la colaboración rusa la ISS debería ser abandonada inmediatamente. Rusia aporta las naves Soyuz TMA (y TMA-M) que, además de ser a partir de 2012 los únicos vehículos espaciales tripulados que podrán mandar cosmonautas a la estación, sirven como "botes salvavidas" para las tripulaciones de la ISS. Además, los módulos del segmento ruso de la estación son los únicos capaces de elevar regularmente la órbita, una maniobra necesaria para evitar que la ISS se queme en la atmósfera. Por otro lado, las naves de carga Progress-M son un elemento vital a la hora de enviar víveres y combustible”.

Sobre la actual imagen de la industria aeronáutica rusa en Europa, el investigador comenta: “sus éxitos espaciales son conocidos por amplios sectores de la sociedad europea, pero en muchos casos persiste la idea de que se trata de algo del pasado. Muchas veces se ridiculizan o ningunean esos éxitos tachándolos de irrelevantes o desfasados. Es cierto que esta imagen en parte se debe a la política de comunicación de Roscosmos, aunque también hay que reconocer que en los últimos años la agencia ha realizado numerosos esfuerzos por divulgar sus logros más allá de las fronteras rusas”.

Daniel define la cooperación aeronáutica entre España y Rusia como “manifiestamente mejorable, aunque existen excepciones puntuales como el observatorio espacial ultravioleta WSO-UV o la misión marciana MetNet”. A su vez, lamenta que “la colaboración espacial entre la ESA y Rusia sigue estando muy por detrás de la cooperación con EE UU. Hace años, la ESA y Roscosmos estuvieron a punto de diseñar un vehículo tripulado común, pero lamentablemente se dejó escapar esa oportunidad. Actualmente me temo que no existe voluntad política, al menos en la UE, para profundizar en esa relación. Esperemos que esto cambie en el futuro”.

Nadjejda Vicente es más optimista y ve la copa medio llena: “Rusia y la Agencia Espacial Europea mantienen una cooperación bastante saludable actualmente. Se han embarcado juntas en la iniciativa Mars500, donde tres rusos, dos europeos y un chino viajan virtualmente a Marte, aislados durante 520 días en tierra moscovita, concretamente en el Instituto de Problemas Biomédicos de Rusia. El primer ruso y el primer europeo ya han “caminado” juntos en Marte”.

Y añade: “También existe colaboración en el campo de los lanzamientos desde submarinos. El proyecto EXPERT espera lanzar este año un cohete desde un submarino en las aguas del norte del país. Además, durante muchos años las cápsulas Fotón han servido a la ciencia europea para transportar al espacio cientos de experimentos y exponerlos a la microgravedad. Los astronautas europeos llevan años volando a la Estación Espacial en naves Soyuz, y parte importante de su entrenamiento se sigue llevando a cabo en la Ciudad de las Estrellas. Ahora mismo, existe una plataforma de lanzamiento Soyuz en Kourou, en centro de lanzamiento de la ESA. Este podría considerarse el mayor ejemplo de cooperación entre Rusia y la ESA, con los rusos cediendo su tecnología y personal fuera de su territorio. Este año, cohetes rusos despegarán desde la Guayana francesa”.

Autonomía espacial


De hecho, tanto Roskosmos como RKK energia han presentado un plan para mantener la presencia rusa en la Estación Espacial Internacional (EEI), pero la estrategia a largo plazo es la de consolidar la autonomía aeronáutica rusa, como se refleja en los proyectos en gestación de la Agencia Espacial Federal.

En primer lugar, este año Rusia ha comenzado a construir un cosmódromo civil en la provincia de Amur. La nueva base espacial está llamada a sustituir a la “Ciudad de las estrellas” de Baikonur (en Kazajistán) y dará plena autonomía de lanzamientos espaciales a Rusia.

Roskosmos prevé que los primeros satélites, cargueros y módulos para la EEI se lanzarán desde el cosmódromo “Vostochni” en el 2015 y los tripulados en el 2018. Así, en un plazo de cinco años, la nueva estación proporcionará el 15% de todos los vuelos espaciales en el mundo. Por otro lado, se encuentra el OPSEK. Un plan para para crear una estación espacial 100% rusa después del 2020, y consiste en la combinación de sistemas SPM (paneles solares para la generación de energía), componentes logísticos y módulos MLM para la investigación en el espacio.

Además, Roskosmos está desarrollando los proyectos Kosmonet y GLONASS para mantener una comunicación constante con las estaciones espaciales, poner Internet en órbita y rastrear los posicionamientos terrestres sin depender de tecnología estadounidense.

Vitali Davidov, jefe adjunto de la Agencia Espacial rusa lo define como crucial. Especialmente para las regiones polares y del norte, ya que los satélites de órbita estacionaria no nos permiten acceder a ellas. De hecho, la construcción de unidades de transmisión o de cables de fibra óptica hasta esas regiones no es económicamente viable ni posible técnicamente”. Kosmonet se compone de 48 satélites en órbita, costará 15.000 millones de euros y se pondrá en funcionamiento dentro de cinco años.

La pregunta es si con estos proyectos, pensados para consolidar la independencia espacial, Rusia pondrá fin a su cooperación aeronáutica o sólo busca tener una posición de fuerza. Según Daniel Marín, “existen varias tendencias contrapuestas. Por un lado, Rusia busca y seguirá buscando la cooperación internacional en varios proyectos, especialmente en lo referente a los programas tripulados, entre los cuales la ISS es su mayor exponente. Por otro lado, el país intenta afianzar su independencia en sectores claves como los satélites de comunicaciones o de posicionamiento global (GLONASS), además de todas aquellas áreas de interés militar. En general, la agencia espacial rusa ha demostrado que es capaz de cooperar con otras naciones siempre y cuando esta colaboración redunde en beneficio de la industria del país. También es cierto que los intereses particulares de algunas empresas privadas pueden entrar en conflicto con los intereses de Roscosmos. Para coordinar una respuesta única en el panorama internacional, Rusia debe afrontar una reestructuración de su industria aeroespacial heredada de la época soviética. En la actualidad el gobierno federal ha puesto en marcha un programa para unificar varias empresas de este sector”.

Dentro de ese proceso de unificación de agencias destaca la del cuerpo de astronautas propuesta por Roskosmos. Actualmente existen tres grupos distintos: TsPK, IMBP y RKK Energia. El nuevo cuerpo se creará sobre el actual TsPK, Centro de Entrenamiento de Astronautas Yuri Gagarin (Tsentr Podgotovka Kosmonavtov, hasta ahora ubicado en Baikonur). Además de la construcción en Corea del Sur de un nuevo centro espacial y del lanzamiento un cohete portador Soyuz-ST desde la Guayana francesa, Rusia ha aumentado la tripulación de tres a seis personas en la EEI y está produciendo entre cuatro y seis unidades de naves Soyuz y Progress al año.

”En líneas generales los planes rusos son relativamente modestos, pero realistas. Si Rusia sabe jugar sus cartas y la situación económica acompaña, en los próximos diez años podría consolidarse como la primera potencia en viajes espaciales tripulados, incluso por delante de Estados Unidos y China”, concluye Daniel Marín, quien asegura que ”la actividad espacial rusa en la actualidad está a pleno rendimiento”. La nave Soyuz es el emblema de la industria aeronáutica rusa, y Daniel la define como “una especie de Kaláshnikov aeronáutico: un aparato conocido por su fiabilidad, sin florituras, que las fábricas rusas llevan produciendo de una u otra forma, ya ha pasado por ocho modificaciones, desde antes de que se llegase a la Luna”.