La canciller alemana Ángela Merkel se vio forzada a dar un vergonzoso giro en su política tras los problemas registrados en los seis reactores nucleares de Fukushima. Merkel ordenó que se cerraran siete viejos reactores para realizar pruebas exhaustivas, aún cuando ella misma había forzado un plan hacía seis meses para incrementar la producción energía nuclear en su país. La decisión provocó una de las manifestaciones públicas más grandes de la última década en Alemania.

La mayoría de los líderes de Europa occidental se encuentran en una posición similar. Por su parte, el primer ministro ruso Vladímir Putin no tardó en afirmar que su país continuará construyendo nuevas centrales eléctricas. Sin embargo, en consonancia con la decisión de Merkel, Putin ordenó también una inspección de seguridad integral de los activos nucleares rusos.

Tras las declaraciones de Putin, hubo afirmaciones similares por parte de los líderes de Bielorrusia, Ucrania y Turquía, todos ellos han adquirido recientemente plantas de energía atómica de fabricación rusa. Durante la visita a Moscú de Tayyip Erdogan, primer ministro de Turquía, a mediados de marzo, el presidente ruso Dmitri Medvédev declaró que Rusia garantizará que la planta de la ciudad de Akkuyu, al sur del país, será capaz de resistir fuertes terremotos.

“La central que construiremos será un ejemplo para el resto del mundo”, declaró Erdogan en una conferencia de prensa tras la reunión con Medvédev.

Ese mismo día se cerró un acuerdo de 6.000 millones de dólares con Bielorrusia para cooperar en la construcción de una planta de energía nuclear en la ex república soviética. Según está programado la construcción comenzará en septiembre. Además, comenzaron las negociaciones con Hungría en relación a la posible participación de empresas rusas en un proyecto de modernización de la central nuclear húngara de Paks. También, según informó ITAR-TASS Rusia celebró un nuevo acuerdo para construir una planta de energía nuclear en Bangladesh que costará 2.000 millones de dólares, según afirmaciones de funcionarios del gobierno del país asiático.

La opinión pública europea se muestra cautelosa respecto a las centrales nucleares fabricadas en Rusia tras la explosión de Chernóbil en 1986. En cambio, Rusia abandonó los reactores de tipo RMBK de la era soviética tras el desastre de Chernóbil, aunque actualmente todavía existen 11 reactores de ese tipo en funcionamiento en el país.

El primer ministro Vladímir Putin declaró que Rusia continuará vendiendo tecnología nuclear a sus aliados y aseveró que la próxima generación de reactores será más segura que nunca.

“Hoy en día contamos con un amplios medios tecnológicos progresivos a fin de garantizar el funcionamiento estable y seguro de las plantas de energía nuclear”, manifestó Putin a mediados de marzo.

Rusia cuenta con los reactores nucleares más jóvenes del mundo,tienen un promedio de 19 años, en comparación con los 26 de los de Europa occidental y los 30 de los de Estados Unidos, informa Bloomberg. El reactor de Fukushima tiene 38 años, lo cual lo convierte en uno de los reactores activos más antiguos del mundo. Su desactivación se había programado para este año, pero renovaron su licencia por otros 10.

“Hasta ahora la esperanza del resurgir de la energía nuclear estaba ligada con los países de los mercados emergentes, ya que cuentan con una fracción destacada del esperado crecimiento. Entre los 62 reactores que actualmente se están construyendo, 48 —o un 77% del total— se están construyendo en China, Rusia, India y Corea del Sur”, afirmó Serguéi Bubnov, directivo del fondo de inversión en servicios públicos Renaissance Asset Managers.

Rusia es el que más depende de la energía nuclear entre los países emergentes. Este tipo de fuente de energía ya representa un 16% de la producción energética total del país, y se planea duplicar su capacidad en los próximos 20 años.

“Es inevitable que algunos de estos planes deban ser reconsiderados”, reconoció Bubnov. “Rusia cuenta con un grupo de presión ambientalista que se hace oír y que podría conducir al retraso o, incluso, a la cancelación de algunos proyectos, lo cual, provocará un aumento de precios”.

Sin embargo, mientras la economía rusa vuelve a presentar síntomas de un firme crecimiento, el gobierno no tendrá otra opción más que construir nuevas centrales nucleares. Antes de la crisis la oferta y la demanda de energía coincidían, por lo que un mayor crecimiento económico obligaría a interrupciones en el suministro eléctrico.

Vasili Nikonov, del ministerio de Energía, declaró este mes en una conferencia que el país tiene proyectado enfrentarse a la creciente demanda energética mediante la construcción de 18 plantas de energía nuclear e hidráulica con una capacidad conjunta de 11,2 gigavatios.

“Resulta imposible hablar de un equilibrio energético global sin tener en cuenta a la industria de la energía nuclear”, manifestó Putin en una reunión del Consejo Intergubernamental de la Comunidad Económica Euroasiática (CEE).