Tatarstán es el lugar más propicio para desarrollar actividades empresariales, según el informe titulado “Hacer negocios en la Federación de Rusia” y publicado recientemente por la consultora Ernst&Young en colaboración con el Centro de Investigación y Desarrollo Financiero y Económico de la Nueva Escuela de Economía de Moscú. Los datos del informe se recogieron entre los meses de agosto y noviembre de 2010, y hubo una participación de mil empresas establecidas en diez regiones administrativas. “Está previsto ampliar la lista de regiones participantes a treinta y siete”, señala Serguéi Guríev, rector de la Nueva Escuela de Economía.

Las regiones de San Petersburgo, Irkutsk, Kaluga y Tomsk son relativamente propicias, además del distrito de Perm.

El mayor problema que tienen que superar los empresarios de Moscú es el difícil acceso a la financiación, hubo quejas del 31% de los encuestados, seguido de alta tasa impositiva, del 24%, y, por extraño que parezca, la falta de capacitación del personal, un 22%. La avanzada región de Tartarstán presenta problemas de índole similar: la primera queja de los empresarios son los impuestos, el 46%, seguida del personal, hay un 18% de quejas y del acceso a la financiación, el 11%.

A pesar de todos sus problemas, Tartarstán está mejor situada que otros países con un nivel de ingresos por persona parecido, entre otros, Brasil, Turquía y Rumanía. En cambio, los problemas a los que se enfrenta Moscú son más profundos que los de otros países con una renta similar, como son la República Checa, Polonia o Estonia.

Además de la capital, la “lista de los desfavorecidos” incluye las regiones de Vorónezh, Rostov y Tver. “Estas regiones encuestadas destacan por los problemas relacionados con el clima empresarial”, señalan los autores. Fue este criterio lo que permitió a los investigadores elaborar la clasificación.

No es la primera vez que Moscú es considerada la ciudad menos propicia para hacer negocios. El Banco Mundial publicó en 2009 su estudio titulado “Hacer negocios en Rusia” basado en un criterio de clasificación similar. En aquel entonces Kazán, capital de Tatarstán, encabezó la lista de los diez centros regionales preferentes, mientras que Moscú ocupó el último lugar. Kazán tenía entonces las siguientes características favorables: costes bajos para el establecimiento de nuevas empresas y facilidad a la hora de registrar los derechos de propiedad y de obtención de permisos de obras.

“Nuestros propios estudios muestran los mismos resultados. Por ejemplo, Moscú ocupa el último lugar según una serie de criterios”, reconoce Vladislav Kórochkin, vicepresidente de OPORa Rossii, una asociación de defensa de las pequeñas y medianas empresas. “Al mismo tiempo, Kazán está a la cabeza tanto de las clasificaciones como de los comentarios positivos de los empresarios. Tenemos la prueba de algo que hasta ahora era sólo una sensación”, señala Antón Struchenevski, analista de Troika Dialogue. En Tartarstán, el legado industrial acompaña con éxito el espíritu de iniciativa de las autoridades locales. “Esto se traduce en una serie de parques y grupos tecnológicos. Se estableció un fondo de garantía y una incubadora empresarial mucho antes de que la hubiera en la región de Moscú. Participan en todas las licitaciones de proyectos de inversión, monitorizados atentamente por el gobierno central debido a la financiación conjunta de los gobiernos federal y local. De modo que tiene que haber la mayor transparencia posible; esto es algo que nunca ha atemorizado a las autoridades de Tartaristán”, señala Kórochkin.

“Aunque por ahora los negocios no se hacen donde es más cómodo sino donde es más rentable. En este momento Moscú ofrece la mayor demanda de consumidores con un alto poder adquisitivo. Con los inversores extranjeros se da la misma situación, son conscientes de que la situación en Rusia no es la más favorable, pero vienen porque la rentabilidad es más alta”, admite Kórochkin. Es una paradoja que el lugar menos favorable albergue la mayor parte de los negocios de Rusia; hay que recurrir a la historia para comprender sus raíces. “Todo se remonta a la década de 1990, cuando todos los negocios estaban centralizados en Moscú”, observa Struchenevski. Posteriormente, la situación comenzó a cambiar.

En los años 2000, el nivel de vida de las regiones empezó a mejorar y a equipararse con el de Moscú. Este proceso se ha acelerado en los últimos tiempos.

“Si tenemos en cuenta que el coste de la vida es mucho más elevado en Moscú, es lógico que hoy en día sean muchos los que prefieran ganar dinero en la capital y vivir en otras regiones. Es posible que con el tiempo los negocios vayan trasladándose fuera del centro. Moscú ya está perdiendo instalaciones industriales, aunque permanece como centro administrativo”, señala Struchenevski.