Participantes: Ekaterina Kudáshkina, Serguei Strokan, Mira Salganik, Alon Ben-Meir, Nikolas Gvosdev, Javed Jabbar


Ekaterina Kudáshkina: Esta semana comenzaremos con los tormentosos acontecimientos de Oriente Próximo, en donde la dimisión del presidente Hosni Mubarak en Egipto tras semanas de protestas ha conmovido a toda la región. Luego, pasaremos a discutir la creciente amenaza de los ciberataques y, por último, volveremos al tema de los dictadores destituidos para hablar del ex presidente pakistaní Pervez Musharraf, que actualmente vive exiliado en Londres y es buscado por las autoridades paquistaníes.

Primero, focalicémonos en Oriente Próximo. Exactamente una semana después de la dimisión del líder egipcio Hosni Mubarak, casi todo el mundo árabe ha explotado en concentraciones masivas de apoyo y reclamo de libertades políticas y una mejor calidad de vida. Las protestas han sacudido los regímenes de Argelia, Jordania, Yemen y Bahréin. Irán también ha presenciado manifestaciones callejeras que no se veían desde las elecciones presidenciales de junio de 2009.

Serguei Strokan: La pregunta principal es a dónde conducirá todo esto a Oriente Próximo y si la democracia triunfará. Es un ejemplo de libro de texto de una situación revolucionaria, tal como la describiera Lenin: los de abajo no quieren su antigua vida y los de arriba no saben cómo controlarlos. Pero, claro, estamos en el siglo XXI e Internet y otros factores también intervienen en todo esto.

La última llamada que recibió Mubarak, horas antes de dimitir, provino del presidente Barack Obama. La llamada de la Casa Blanca llegó en un momento crítico; Mubarak había anunciado en un discurso público que no renunciaría, contrariamente a lo que todos esperaban.

Los asesores del presidente norteamericano califican la llamada como “una de las conversaciones más difíciles que ha tenido Obama con un jefe de Estado extranjero”. El presidente estadounidense le dijo a Mubarak sin rodeos que “hacía falta un cambio de liderazgo en Egipto” y era necesario que llegara en estos días.

Aunque no fue sólo la Casa Blanca quien acogió “la transición democrática en Egipto”. Irónicamente, el presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad ha afirmado que la revolución egipcia se inspiró en la Revolución Islámica iraní de 1979.

Serguei Strokan: Creo que el papel desempeñado por la Casa Blanca en los recientes sucesos de Egipto revela una confusión cada vez mayor de la política estadounidense respecto a Oriente Próximo. El actual desfile de revoluciones ha sorprendido al equipo de Obama, y su gobierno se ha encontrado frente a una encrucijada, desesperado por intentar conseguir dos metas encontradas.

En mi opinión, se trata de un intento por combinar dos enfoques fundamentales del presente y del futuro de Oriente Próximo. Según el primer enfoque, la línea divisoria en la región está trazada entre los “moderados” y los “radicales”. Por su parte, la segunda visión se basa en la noción de la necesidad de modernizar esta idea, ya que en la actualidad, las aspiraciones democráticas regionales deberían ser primordiales. Y de modo que una vez que los dictadores sean derribados, el mundo presenciará inevitablemente el surgimiento de un nuevo Oriente Próximo.

Ekaterina Kudáshkina: Los defensores de esta teoría parecen creer que tras la erradicación del viejo escenario político, la democracia misma garantizará un paso laico y moderado hacia delante.

Mira Salganik: Esa era la idea que tenía la administración Bush sobre Oriente Próximo. Hoy en día asistimos a una especie de reformulación de dicha idea con una técnica más moderada.

Ekaterina Kudáshkina: Pero al intentar casar felizmente a los “demócratas” con los “moderados” en Oriente Próximo, los Estados Unidos podrían enfrentarse a otra gran desilusión, al descubrir que no existe ni democracia ni lealtad.

Serguei Strokan: Aún hay una gran incertidumbre respecto a la sinceridad de los nuevos mandatarios militares de Egipto y su promesa por desarrollar una agenda democrática. El presidente interino de Egipto, el mariscal de campo Mohammed Hussein Tantawi, de 76 años, es descrito en un cable diplomático americano filtrado, como profundamente resistente al cambio, intolerante con la libertad intelectual y particularmente focalizado en la estabilidad del régimen. Lo cual podría suponer un gran problema.

Ekaterina Kudáshkina: De hecho, algunos analistas señalan que el Ejército egipcio había prometido un cambio democrático ya en 1952, y todos vemos cómo están las cosas seis décadas después.

Mira Salganik: En términos generales, el Ejército ha intervenido muchas veces en la transición a la democracia de países tercermundistas, desde Indonesia y las Filipinas, hasta Pakistán. Pero la historia demuestra que los ejércitos y la democracia siempre se llevan mal.

Ekaterina Kudáshkina: Escuchemos a nuestro experto, el Dr. Alon Ben-Meir, profesor de Relaciones Internacionales y Estudios de Oriente Próximo en la “New School” y la “New York University”. ¿Cómo ha sido la evolución de las relaciones entre Egipto y EE UU?

Alon Ben-Meir: Creo que debemos retrotraernos a la Revolución Egipcia de 1952, con Gamal Abdel Nasser. En ese momento, la relación entre EE UU y Egipto no era muy buena porque Nasser se posicionaba cerca del ámbito soviético. Esto fue así hasta finales de la década de 1970, cuando Nasser falleció y fue sucedido por Anwar Al Sadat. Fue un viraje histórico. Desde entonces, las relaciones entre ambos países han sido muy cercanas, en particular tras 1979, cuando Egipto firmó el tratado de paz con Israel.

Durante el levantamiento en Egipto, el gobierno de Obama quería que Mubarak se quedara al menos hasta finalizar su mandato en septiembre. Pero al final, la gente estaba completamente decidida a destituir a Mubarak. Todo esto representa un gran problema para los Estados Unidos en Oriente Próximo, ya que los países árabes, en su mayoría autoritarios, se dan cuenta de que pueden esperar que EE UU los apoye hasta que la población enfurezca, y luego el país occidental vira el rumbo y pasa a apoyar a la gente en vez de al gobierno. En estos momentos, la administración Obama necesita determinar qué tipo de estrategia precisa seguir para alcanzar dos objetivos principales: por un lado, estabilidad y paz, y reformas, por el otro. En teoría, la estabilidad y la paz van de la mano de las reformas, pero esto no es tan natural en el mundo árabe, dadas las características de sus regímenes.

Ekaterina Kudáshkina: Todo esto comenzó cuando los manifestantes insistían en algunos asuntos puramente sociales y políticos. Se comprendía que el presidente Obama apoyara al movimiento democrático. En Bahréin estamos presenciando los primeros indicios de una batalla sectaria, algo que es completamente diferente. ¿Qué posición tomará el actual gobierno estadounidense?

Alon Ben-Meir: La diferencia radica en que la puja por reformas políticas y democráticas está muy bien, pero al darse en un país como Egipto, si dichas reformas no se acompañan por reformas de tipo económico y social, las primeras no pueden sostenerse. En la actualidad, en Egipto han logrado destituir a Mubarak, pero las manifestaciones continúan. Lo que quieren ahora son mejores salarios, trabajos, servicios de salud y una mejor educación. Cuando EE UU exige reformas políticas sin prestar demasiada atención al desarrollo económico, aquellas reformas políticas, por más que ocurran, fracasarán eventualmente. No puedes tener libertad cuando tienes hambre. Más de 50 millones de personas en Egipto viven por debajo de la línea de pobreza. Las reformas políticas y la libertad no les da de comer, no crea puestos de trabajo ni cubre otras necesidades, como la vestimenta, una mejor educación y un mejor sistema de salud. Por ello, es ingenuo creer que puedes exigir reformas políticas sin un desarrollo económico sostenible. Simplemente no funcionará.

En cuanto a la población de Bahréin, ahora se están manifestando por la libertad, desean ser libres. Pero la mayoría de su población pertenece a la comunidad chiíta, y desde hace décadas esta comunidad ha sido discriminada. El rey, el aparato gubernamental y la mayoría del ejército son suníes. Sin embargo, son minoría. Es por eso que ambos casos no pueden compararse.

Cada país árabe tiene diferentes tipos de problemas. Comparten los regímenes autoritarios. Aunque la solución para un país no es aplicable por completo a otro país. EE UU tiene una tendencia a generalizar y a decir que el mundo árabe es una unidad singular, pero eso no funcionará. Debemos ser muy cuidadosos al tratar de comprender lo que pasa en Bahréin, Yemen, Egipto y otros lugares. Ya no desean culpar a Occidente por sus problemas, dolores y desesperación. Están acusando a su propio gobierno y esta es una diferencia crucial a tener en cuenta.

Esta oleada de inestabilidad se extenderá por toda la región, un país tras otro y en muchos países a la vez, en algunos casos. En cambio, no existe un remedio que pueda aplicarse a todos. Debemos mirar a cada uno por separado y tratar con ellos de esa forma. Por ejemplo, en el caso de Egipto y Bahréin, Egipto es mucho más pobre que lo que Bahréin jamás será. De modo que se necesita un énfasis mucho mayor en el desarrollo económico sostenible.

Ekaterina Kudáshkina: Pasamos ahora a nuestro segundo titular, “Entre líneas”, y recibimos más noticias acerca de la guerra de Internet.

Un grupo de piratas informáticos que se autodenominan ”Anonymous” decidieron brindar su apoyo a los levantamientos políticos en Túnez y Egipto. Con ese objetivo, bloquearon temporalmente el acceso a 10 sitios web del gobierno tunecino y a 4 egipcios. Explicaron que lo hicieron en respuesta a la censura en Internet que existe en ambos países.

Mira Salganik: Realmente parece que estamos asistiendo a una era de guerra de Internet.

Ekaterina Kudáshkina: Preguntémoselo a nuestro especialista, el profesor de Estudios de Seguridad Nacional del “US Naval War College” Nikolas Gvosdev. ¿Estamos entrando en una nueva era, la era de las ciberamenazas?

Nikolas Gvosdev: Es importante señalar que, definitivamente estamos entrando en una nueva era en la que el control de la información ha dejado de estar en manos del Gobierno. Resulta muy difícil para el gobierno evitar que se filtre información y circule por el mundo, ya sean fotografías a través de redes sociales, o grandes volúmenes de documentación gubernamental que puede capturarse fácilmente en una memoria USB y reenviarse. Otra cuestión de relevancia en cuanto a la ciberseguridad son los sistemas informáticos a los que se accede desde internet como parte de la red global. A medida que los ordenadores asuman cada vez más funciones cotidianas de nuestra sociedad, más posibilidades habrá de que estos sistemas sean atacados y desbaratados. Entonces, tenemos dos asuntos en los que trabajar conjuntamente: la circulación incontrolable de información que puede amenazar a los gobiernos y regímenes, y las crecientes redes en la informatización de la vida cotidiana, lo cual torna mucho más sencillo el que alguien desbarate el vivir cotidiano de otro país.

Ekaterina Kudáshkina: ¿Le parece bien que en la agenda de la Conferencia de Seguridad de Múnich de este año se hayan incluido asuntos de ciberseguridad por primera vez en la historia?

Nikolas Gvosdev: Claro, se trata de un reconocimiento tras muchos años de preocupación respecto de asuntos de ciberseguridad. Como ya hemos visto con Wikileaks, es posible que alguien tome inmensos volúmenes de documentación. Os habría llevado semanas lidiar con el mismo volumen en formato de papel, en los viejos tiempos. Ahora, podéis copiarlos a una memoria USB y diseminarlos.

Ekaterina Kudáshkina: Estamos entrando en una era de nuevas situaciones bélicas, en las que un potencial enemigo puede neutralizarse sin muertes o heridos, ¿verdad?

Nikolas Gvosdev: Así es. Estamos estudiando eso: la posibilidad de infringir daño a un país. Depende de lo informatizado que esté dicho país. Cuanto más primitivo sea en cuanto a lo tecnológico, menos eficaces serían estas amenazas. Cuanto más dependa de su red informática para desarrollar sus negocios diarios, más vulnerable se torna. En el futuro, las armas cibernéticas se desplegarán junto con las armas tradicionales y tendremos tanto campañas tradicionales como otras cibernéticas para desbaratar las redes de mando y control del enemigo.

Ekaterina Kudashkina: ¿Existe alguna forma eficaz de defenderse de dichas armas?

Nikolas Gvosdev: Podéis invertir más en la seguridad de vuestras redes, en la mejora de vuestros cortafuegos, en la implementación de políticas que limiten la capacidad de la gente para acceder a Internet, a navegar por diversión o por motivos sociales. Los piratas informáticos siempre llegan con nuevos métodos y los sistemas de defensa están actualizándose constantemente. La pregunta será si los gobiernos desean invertir las cantidades de dinero que costará defenderse de ciberataques. Algunos gobiernos invertirán en nuevas capacidades de programación, mientras que otros elegirán invertir en llevar a los hackers a trabajar para el Gobierno en un intento por contrarrestar las ventajas que los otros hackers puedan tener. Hoy en día, EE UU cuenta con un mando cibernético y una rama separada, recientemente establecida, de su estructura militar con el fin de lidiar con este tema y creo que es lo que los desarrolladores buscarán en el futuro.

Ekaterina Kudáshkina: Finalmente llegamos a la parte del programa titulada “Hombre en las noticias”. ¿Quién habría pensado que la persona que repentinamente aparecería en los titulares del mundo esta semana sería el general Pervez Musharraf, ex presidente de Pakistán, que vive exiliado en Londres?

Musharraf se ha visto envuelto en otra controversia cuando un tribunal pakistaní ha emitido una orden de arresto contra él en base a presunciones de haber participado en el asesinato de Benazir Bhutto en 2007. Aunque Pakistán no tiene un tratado de extradición con el Reino Unido.

Sergei Strokan: Me pregunto por qué la gente en Islamabad de pronto hurga en la historia de Musharraf tres años después de su renuncia. No comprendo sus razones (tras renunciar en agosto de 2008, se mudó a Gran Bretaña y mantenía un bajo perfil al vivir en una especie de autoexilio). Los círculos académicos parecen ser su única ocupación. Creo que debe haber ciertos propósitos ocultos detrás de estos cargos.

Mira Salganik: Creo que el caso Musharraf es adecuado para reflexionar acerca del destinode los dictadores una vez destituidos y sobre si existe vida tras la muerte política.

Ekaterina Kudáshkina: Considero que no existe un fuerte fundamento para que el nuevo partido de Musharraf participe en las elecciones de Pakistán. Además, ninguno de los grandes personajes políticos del país desea ver a Musharraf de vuelta en casa. ¿Por eso se ha emitido esta orden judicial, con la acusación de su complicidad en el asesinato de Bhutto? ¿Realmente tuvo que ver con el asesinato?

Mira Salganik: Muchos observadores de la vida política pakistaní creen que la vuelta de Benazir Bhutto a Pakistán fue en gran parte negociada por una Casa Blanca desilusionada con Musharraf. No hay duda de que el mandatario estuvo de acuerdo con su regreso y con su participación en las elecciones de 2008. No veo motivos para que Musharraf haya estado involucrado en el asesinato de Benazir. ¡No lo beneficiaba en absoluto!

Ekaterina Kudáshkina: Pero no sólo se le acusa del asesinato, sino que también se insinúa que se encontraba aliado a terroristas islámicos. Associated Press informó desde Islamabad: “la increíble acusación de que Musharraf tenía vínculos con los extremistas acusados del ataque era probable que lo mantuviera fuera de Pakistán, al menos a corto plazo”.

En mi opinión, esta es la única explicación para la orden de arresto y lo demás que ha sucedido.

Sergei Strokan: Si bien no es muy probable que Musharraf sea detenido en el extranjero, el ministro de Información pakistaní ha dicho que el gobierno contactará con Interpol para solicitar la detención de Musharraf si el tribunal lo requiere.

Mira Salganik: Quisiera volver al tema central. Musharraf siempre ha negado cualquier papel en la muerte de Bhutto y se ha burlado de los críticos que decían que no hizo lo suficiente por protegerla. Los talibanes pakistaníes también negaron haber apuntado a Bhutto. Musharraf podrá ser acusado de negligencia respecto a las medidas de seguridad de Benazir, aunque no puedo ver por qué el presidente de Pakistán debería ocuparse personalmente de ello.

Me pregunto si estos cargos son un intento por parte del Gobierno de Pakistán —que, como es sabido, enfrenta numerosos problemas— por virar la atención pública hacia este tipo de cacería humana. En particular, teniendo en cuenta que Musharraf es aborrecido y su caza sería coherente con la legislación que él violaba en forma constante.

Ekaterina Kudáshkina: Sugiero que se lo preguntemos a nuestro experto, Javed Jabbar, ex senador y ministro de Información y Desarrollo de Medios bajo el Gobierno de Musharraf. ¿Qué razones se encuentran detrás de esa decisión por parte de las autoridades paquistaníes?

Javed Jabbar: Al referirnos a las autoridades pakistaníes, debemos distinguir diversas capas y estructuras. No considero que esto haya sido una decisión premeditada de la cúpula más alta. La decisión ha sido tomada por una rama de investigación del Ministerio del Interior y ha habido casos en los últimos meses de decisiones tomadas por la misma agencia que no fueron refrendadas por una institución superior.

El general Musharraf comparte responsabilidad, antes que nada, por no haber proveído la seguridad necesaria para la fallecida primera ministra Benazir Bhutto. En segundo lugar, piensan que fue responsabilidad suya el haber ordenado la limpieza de la escena del crimen en donde ocurrieron la explosión de la bomba y el tiroteo. En tercer lugar, ordenó a algunos funcionarios que retrasaran la conferencia de prensa unas 24 horas tras el asesinato, y se atribuyó la responsabilidad de la muerte a un accidente en lugar de un asesinato. Por eso, en base a estos tres motivos, el equipo de investigación cree que él también debe ser incriminado.

Ekaterina Kudáshkina: Esta historia, ¿está recibiendo una amplia cobertura en Pakistán? ¿Está el público interesado en ella?

Javed Jabbar: La decisión de la agencia de investigaciones de llamarlo a comparecer definitivamente llegó a las primeras planas y a los titulares de los medios en línea, por lo que, hasta tal punto, la historia es muy conocida. Pero hay una gran cantidad cosas que están sucediendo en el país que también acaparan la atención del público. Por ejemplo, el caso del diplomático estadounidense Raymond Davis, que ha sido acusado de matar a dos paquistaníes. Este es el tema más candente en el país, junto con otras cuestiones relacionadas con el proceso político.

Ekaterina Kudáshkina: ¿Es cierto que la carrera política de Musharraf terminará, independientemente de si comparece ante las audiencias judiciales o es absuelto? Por lo que sé, no ha descartado la posibilidad de que sea candidato a presidente en las próximas elecciones.

Javed Jabbar: Yo no haría ninguna afirmación categórica respecto al fin de su carrera política. Continuará participando en la política desde fuera de Pakistán. No se espera que vuelva al país en el futuro inmediato debido a que su situación no le permite movilizarse libremente. Puede ser arrestado o detenido. Además, no parece probable que regrese esta vez. Sin embargo, el partido que ha creado podría proseguir su accionar en representación suya. Aunque no creo que Pakistán cuente con su presencia física en un futuro cercano.